martes, 7 de abril de 2026

Guerras

GUERRAS INTESTINAS

“Parece ser que Voltaire dijo que no hubiera habido noche de San Bartolomé si el rey no hubiera estado estreñido… El hecho es que la noche de San Bartolomé es uno de esos sucesos vitales que ocurre de un modo inevitable por las eternas leyes de las características de la humanidad: asesinar en su sociedad la cantidad de gente que sobra y ajustar a esta masacre las pasiones que la apoyan.” 

(Guerra y paz – Lev Tolstói)

Fotograma de la versión rusa de
Guerra y paz

Es posible que Tolstoi (Tula-Rusia 1828-1910) tuviera en la cabeza al escribir esta cita de “Guerra y paz” que él mismo empezó a publicarla en fascículos a raíz de un hecho también accidental, no un estreñimiento sino la convalecencia tras la caída de un caballo, un momento parecido al que usa para burlarse de Napoleón en una de las secuencias más ácidas y grotescas de la novela. 

Sea o no así, la cita es de apabullante actualidad si únicamente cambiamos el rango del protagonista principal y el momento o lugar del retrete. El furor producido por el estreñimiento, es decir, la crueldad con la que un todopoderoso puede operar por la incomodidad intestinal y las pasiones no menos fecales de quienes son capaces de apoyar la masacre siguen intactas.

Para seguir con las citas, Swift decía algo así como que el humor y la sátira eran la revancha de los oprimidos, y bien que lo demostró a lo largo de su obra. En las sociedades opulentas, la única manera de que el café con leche matinal no se nos agrie mientras escuchamos las noticias es repasar los memes del día, la burla a la que diariamente se somete a los poderosos. Conocedores de que se trata del paliativo que acompaña a la amargura, ellos mismos nos permiten hacerlo a través de sus redes, salvo que los algoritmos determinen que la cosa se escapa a su control. Entonces simplemente te echarán de ellas porque no “respetas” las normas del sistema.

En Sudán...

Imagino que el humor, la risa, qué decir de la felicidad ya no existen en Sudán, donde ahora mismo hay miles de bebés de menos de dos años arrastrándose por caminos polvorientos en busca de algo de comida, agua o cobijo. Tampoco las supongo en Gaza, aunque a veces vea videos de niños jugando entre los escombros, ni por supuesto que en el Líbano, Ukrania o Irán. También parecen menguar en el mismo Israel, porque el ataque a la población civil no tiene exclusividad ni copyright.

Lo brutal, lo vergonzoso es que el intestino siga dominando a la masa cerebral y el corazón en una bola de magma, tierra y agua en la que, según Oxfam, el patrimonio del 1% de la población más rica puede acabar hasta seis veces con la pobreza con el chasquido de sus dedos. Porque aunque las guerras se vistan de conflicto religioso y de a ver qué dios la tiene más larga, el trasfondo siempre es el mismo: el reparto mundial, continental, nacional, regional, ciudadano, barrial de la riqueza.

Para acabar con las citas: decía Theodor Adorno que después de Auschwitz escribir poesía era un acto de barbarie. Con lo listo que era, pareciera que la historia del estreñimiento y sus apasionados seguidores hubiera empezado en los años cuarenta del siglo XX, y que los judíos fueran las víctimas únicas o principales de los genocidios. Seguramente no había leído “Guerra y paz” ni tenía ni idea de los avatares del tracto gastrointestinal...



Tras todo esto también parece impúdico acabar con música, pero como esta siempre es un consuelo, una de las referencias musicales de "Guerra y paz" es esta Sonata Opus 34 número 1 de J.L. Dussek (Càslav-Chequia 1760-1812). A Adorno, compositor además de filósofo, lo dejaremos para más adelante



https://youtu.be/jQNePiEp3dk


jueves, 2 de abril de 2026

Ivan Leonidov

IVAN LEONIDOV, EL “ARQUITECTO DE CAJÓN” 
QUE SOLO CONSTRUYÓ UNA ESCALERA. 

 “No soy nadie. He escrito mucho pero no queda nada.” 
(Pepín Bello, “escritor ágrafo” de la Generación del 27) 

Mural con su rostro en
una calle de Moscú
Se conoce como “genios de cajón” a personas de alta capacidad malogradas por motivos diversos. Creadores en distintas disciplinas, muchos o la totalidad de sus proyectos acabaron abandonados en el cajón de la historia, sea por inseguridad, perfeccionismo obsesivo, limitaciones del sistema o el coste, atrevimiento y magnitud de sus propuestas. 

Ayudado por la IA he sabido que el pintor Gerhard Richter quemó su obra de juventud porque no se reconocía en ella, que Gogol hizo otro tanto con la segunda parte de “Almas muertas”, su obra cumbre, o que muchas mujeres, como Zora Neale, antropóloga, la compositora Fanny Mendelssohn o la misma Marie Curie permanecieron silenciadas o eclipsadas por su condición de mujeres. 

En la línea de los genios de cajón, hace años leí el estupendo ensayo/recopilación “Bartleby y compañía”, que Enrique Vila-Matas dedicó a la "literatura del NO", el parnaso de los escritores que escribieron o publicaron poco o nada, entre ellos Pepín Bello, cuya cita corona el blog. 

El caso de Ivan Leonidov (Vlassika-Rusia 1902-1958) contiene ingredientes varios. Lo primordial es una materia prima incontestable: la genialidad. Unido a un entorno en principio favorable a la vanguardia, la revolución socialista, Leonidov cree que cualquier idea, por muy atrevida que sea, tiene cabida en el nuevo mundo. Craso error. Las ideas nuevas son tremendamente vulnerables, porque en todo proceso revolucionario se sabe lo que no se quiere, pero el conflicto empieza al abordar lo que debe sustituirlo. 

Escarbando en lo que sabemos de su vida pública descubrimos otra de sus características, a saber, que Leonidov era un optimista “enfermizo”. En sus 56 años de vida no dejó ya de idear, sino de presentar sus proyectos a cuanto concurso se convocara: Instituto Lenin, monumento a Cristóbal Colón en Santo Domingo, Centrosoyuz, Magnitogorsk, Palacio de la cultura del barrio Proletarski en Moscú, Club del kombinat del diario Pravda, casa del Comisariado del pueblo para la industria pesada, Kliutchiki en Nijni Taguil, campamento Bolshoi Artek , sanatorio del NKTP en Kislovodsk, kombinat del diario Izvestia en Moscú, Monumento a los héroes de Perekop, proyecto de Circo en Stalingrado, Monumento a la Victoria y del primer Satélite artificial de la Tierra, este ya dos años antes de su muerte. 

Con semejante historial, un equivalente al de los concursantes contemporáneos que igual compiten en Saber y Ganar que en Pasapalabra, no parece exagerado calificar a Leonidov de optimista enfermizo, porque de todos estos proyectos, seguramente mal pagados, solo consiguió ver construida la impresionante escalera de acceso al sanatorio de Kislovodsk, que en las fotos que acompaño parece la transcripción arquitectónica de un dibujo de otro genio, M.C.Escher. El resto fue al cajón que da título al blog.

Es cierto que el ostracismo a que fue relegado a lo largo de su vida profesional se debió en parte a su heterodoxia constructivista frente a la solemnidad impostada del urbanismo soviético, pero también al hecho de que sus diseños fueran visionarios, ya que ni siquiera existían recursos técnicos que permitieran llevarlos a cabo. 

Más allá de ese cierto idealismo estético, tan poco pragmático, Leonidov es todavía un modelo reconocido profesionalmente de interconexión entre arquitectura, naturaleza, cultura y sociedad, algo que también intentó desarrollar en sus últimos años de vida, empeñado en algo tan sumamente alejado de la realidad como el proyecto de Ciudad del Sol, un hábitat diseñado para que sus vecinos alcanzaran nada menos que la FELICIDAD.

Es de recibo culminar esta entrada con una de las antes nombradas "genias de cajón", Fanny Mendelssohn (Berlín 1805-1847), la hermana escondida de Félix. El padre de ambos había sentenciado que el hermano podía hacer de la música su profesión, pero en el caso de Fanny que esta era solo un "adorno". Semejante veredicto asignó injustamente varias obras de Fanny a su hermano Félix, entre ellas esta "Sonata de Pascua".