IVAN LEONIDOV, EL “ARQUITECTO DE CAJÓN”
QUE SOLO CONSTRUYÓ UNA ESCALERA.
“No soy nadie. He escrito mucho pero no queda nada.”
(Pepín Bello, “escritor
ágrafo” de la Generación del 27)
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| Mural con su rostro en una calle de Moscú |
Ayudado por la IA he sabido que el pintor Gerhard Richter quemó su obra de juventud porque no se reconocía en ella, que Gogol hizo otro tanto con la segunda parte de “Almas muertas”, su obra cumbre, o que muchas mujeres, como Zora Neale, antropóloga, la compositora Fanny Mendelssohn o la misma Marie Curie permanecieron silenciadas o eclipsadas por su condición de mujeres.
En la línea de los genios de cajón, hace años leí el estupendo ensayo/recopilación “Bartleby y compañía”, que Enrique Vila-Matas dedicó a la "literatura del NO", el parnaso de los escritores que escribieron o publicaron poco o nada, entre ellos Pepín Bello, cuya cita corona el blog.
El caso de Ivan Leonidov (Vlassika-Rusia 1902-1958) contiene ingredientes varios. Lo primordial es una materia prima incontestable: la genialidad. Unido a un entorno en principio favorable a la vanguardia, la revolución socialista, Leonidov cree que cualquier idea, por muy atrevida que sea, tiene cabida en el nuevo mundo. Craso error.
Las ideas nuevas son tremendamente vulnerables, porque en todo proceso revolucionario se sabe lo que no se quiere, pero el conflicto empieza al abordar lo que debe sustituirlo.
Escarbando en lo que sabemos de su vida pública descubrimos otra de sus características, a saber, que Leonidov era un optimista “enfermizo”. En sus 56 años de vida no dejó ya de idear, sino de presentar sus proyectos a cuanto concurso se convocara: Instituto Lenin, monumento a Cristóbal Colón en Santo Domingo, Centrosoyuz, Magnitogorsk, Palacio de la cultura del barrio Proletarski en Moscú, Club del kombinat del diario Pravda, casa del Comisariado del pueblo para la industria pesada, Kliutchiki en Nijni Taguil, campamento Bolshoi Artek , sanatorio del NKTP en Kislovodsk, kombinat del diario Izvestia en Moscú, Monumento a los héroes de Perekop, proyecto de Circo en Stalingrado, Monumento a la Victoria y del primer Satélite artificial de la Tierra, este ya dos años antes de su muerte.
Con semejante historial, un equivalente al de los concursantes contemporáneos que igual compiten en Saber y Ganar que en Pasapalabra, no parece exagerado calificar a Leonidov de optimista enfermizo, porque de todos estos proyectos, seguramente mal pagados, solo consiguió ver construida la impresionante escalera de acceso al sanatorio de Kislovodsk, que en las fotos que acompaño parece la transcripción arquitectónica de un dibujo de otro genio, M.C.Escher. El resto fue al cajón que da título al blog.
Es cierto que el ostracismo a que fue relegado a lo largo de su vida profesional se debió en parte a su heterodoxia constructivista frente a la solemnidad impostada del urbanismo soviético, pero también al hecho de que sus diseños fueran visionarios, ya que ni siquiera existían recursos técnicos que permitieran llevarlos a cabo.
Más allá de ese cierto idealismo estético, tan poco pragmático, Leonidov es todavía un modelo reconocido profesionalmente de interconexión entre arquitectura, naturaleza, cultura y sociedad, algo que también intentó desarrollar en sus últimos años de vida, empeñado en algo tan sumamente alejado de la realidad como el proyecto de Ciudad del Sol, un hábitat diseñado para que sus vecinos alcanzaran nada menos que la FELICIDAD.
Es de recibo culminar esta entrada con una de las antes nombradas "genias de cajón", Fanny Mendelssohn (Berlín 1805-1847), la hermana escondida de Félix. El padre de ambos había sentenciado que el hermano podía hacer de la música su profesión, pero en el caso de Fanny que esta era solo un "adorno". Semejante veredicto asignó injustamente varias obras de Fanny a su hermano Félix, entre ellas esta "Sonata de Pascua".

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