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martes, 5 de mayo de 2026

La madre migrante

“LA MADRE MIGRANTE”, IMAGEN E IDENTIDAD


RUTH ASAWA, JAPONESA TEMPORAL

Al acercarme a la interesante exposición retrospectiva dedicada a la obra de Ruth Asawa (Norwalk – USA 1926-2013) en el museo Guggenheim de Bilbao me he dado de bruces con una realidad a menudo olvidada, la de los inmigrantes japoneses en Estados Unidos.

La familia de Ruth, que regentaba una pequeña granja en Norwalk (California), fue perseguida durante la segunda guerra mundial por el hecho de ser de nacionalidad japonesa, es decir, por ser propia de un país en aquel momento considerado enemigo. Apresada en 1942, la familia fue “internada” inicialmente en un centro de concentración y posteriormente en otro llamado de reubicación en Arkansas. El padre sufrió peor suerte. Detenido por el FBI pasó seis años en un campo de detención de Nuevo México. 

La generalización de la culpa es siempre injusta. En el caso de naciones o etnias es un fenómeno claro de racismo. En el de los grupos religiosos o ideologías es simplemente antidemocrático. 

DOROTHEA LANGE, DOCUMENTALISTA POLÍTICA

He empezado por Asawa, pero mi intención es llegar a alguien de nombre injustamente desconocido, “La madre migrante”.

Antes, no obstante, habrá que situar a la persona que enlaza estas dos historias, la autora de una de las fotos más icónicas de las grandes crisis de los años veinte del pasado siglo: Dorothea Lange (Hoboken-USA 1895-1965).

Contratada por la “Farm Security Administration” (FSA), la entidad que el presidente Roosevelt había creado para contrarrestar el efecto de la gran depresión económica del 29 y las sequías y tormentas de polvo y arena de los años treinta, Lange está considerada como una de las mejores documentalistas de todos los tiempos.

Migrantes japoneses en USA
(foto de Lange)
Consciente del papel de la FSA como brazo propagandístico de los proyectos colectivistas del gobierno Roosevelt, Lange desarrolló una obra de carácter humanista y totalmente entregada al lema del grupo: “no se trata de informar, sino de conmover”.

El punto que enlaza a Asawa con Lange se dio años después, cuando ésta dedicó una importante colección de fotos a las 120.000 personas de origen nipón sacadas de sus hogares y encarceladas en campos de concentración del medio oeste en 1942. 

Y es que la historia demuestra que los avances sociales y democráticos son tremendamente vulnerables y tienen dientes de sierra, porque las imágenes que reflejaban aquel apartheid fueron incautadas por el gobierno hasta su publicación de un libro recopilatorio nada menos que en 2006.

RETRATO DE UNA DESCONOCIDA

Aunque la obra de los fotógrafos de la FSA consiguió sus objetivos, asentando y acelerando ayudas económicas al medio millón de agricultores afectados por la pobreza y la emigración forzosa, la manipulación y belleza de muchas de sus imágenes han sido cuestionadas. 

Sin duda lo más controvertido es el hecho de que su obra despreciara la identidad de sus protagonistas, entre ellas la de Florence Owens Thompson (Territorio Indio Cheroqui- USA 1903-1983), la desconocida madre migrante.

"La madre migrante"
(la foto original)
Según su propio testimonio Lange hizo la foto cuando ya consideraba que su trabajo en California había terminado en el invierno de 1936. Vio un pequeño campamento cerca de la carretera 101 y la carpa de lona que parecía guarecer a una familia. Se trataba de una mujer joven con sus hijos e hijas. Se acercó y “disparó” hasta cinco exposiciones con el permiso algo renuente de Florence, convencida finalmente de que el reportaje pudiera ayudarles de algún modo. 

Hay un elemento que da veracidad documental a la foto, el hecho de que dos de las hijas se escondan en el regazo de su madre. Según la fotógrafa por timidez. Según la retratada, para protegerlas de una situación intimidatoria.

Lo cierto es que aunque el modus operandi de Lange era hablar con los y las protagonistas de sus reportajes, conocer los avatares de su situación e incluir esos datos en los pies de foto, en muchos casos, como en este, no les preguntaba su nombre y éstas seguían, consecuentemente, en el anonimato.

El analista mexicano Óscar Colorado, que tiene publicado un estudio exhaustivo sobre la foto, cree que esta actitud manifiesta un uso de la imagen ajena que llega a calificar de explotación.

El caso es que 42 años más tarde Florence Owens concedió una entrevista y declaró que “hubiera querido que ella [Lange] nunca me hubiera tomado la fotografía. Nunca saqué un centavo de ella. Ni siquiera me preguntó mi nombre. Me dijo que no la publicaría y que me mandaría una copia: no cumplió sus promesas”.

FLORENCE OWENS THOMPSON, MÁS ALLÁ DE LA FOTO

Florence había nacido en 1903 en el seno de una familia cherokee de Oklahoma. Viuda con siete hijos de tres hombres distintos con poco más de treinta años de edad, fue encontrada por la fotógrafa mientras viajaba con su última pareja, siguiendo las cosechas en las que trabajaba a un centavo por kilo.

Según la versión de una de las dos hijas que aparecen en la foto, su madre se negó a que se la retratara de la única manera que podía, no mirando a la cámara, ignorándola, algo que se evidencia en “La madre migrante”.

De modo que tanto Owens como su pareja no dieron importancia a que el retrato fuera publicado a los pocos días en un periódico local de Watsonville y siguieron camino y vida sin esperar nada a cambio.

La familia Owens alrededor
de Florence
La familia Owens no obtuvo cierta estabilidad hasta que, finalizada la segunda guerra mundial, Florence se casó con un administrador hospitalario y pudo trabajar de cocinera o camarera, pero viviendo siempre en una caravana rodante, una costumbre ligada a su identidad cherokee, pueblo migrante desde el siglo XVI.

Pese a la leyenda, que dice que la familia fue recompensada, y así lo creyó la propia fotógrafa hasta su muerte, la única ayuda directa no se produjo hasta que, estando Florence enferma de cáncer sin poder hacer frente a los gastos de atención, ya en 1983, la familia hizo una colecta pública apelando a la identidad de la “madre migrante”. 

La respuesta fue inusitada: en pocos días lograron recaudar más de 30.000 dólares, pero pese al orgullo que supuso para la familia ese reconocimiento tardío, Florence Thompson falleció en setiembre de ese mismo año. 

Con el cuajo que da ser el prototipo de presidente conservador e instigador del “sálvese quien pueda”, Ronald Reagan escribió que “el fallecimiento de la señora Thompson representa una gran pérdida: el símbolo de aquella América fuerte y determinada de la Gran Depresión”.

En fin, el itinerario apofénico que nos lleva desde la japonesa temporal hasta la madre migrante, pasando por la documentalista política, es una ruta de identidades llena de interpretaciones divergentes. La historia es un caleidoscopio que los vencedores manejan a su albedrío, y hasta sus imágenes, la faceta visual de su argumentario, son, casi siempre, espejismos dependientes de un golpe de muñeca.


Hablar de Geckos es hablar de un supergrupo, o mejor, de un "superautores", ya que se trata de un proyecto que reúne a dos raros famosos de la música estadounidense, M.Ward  y Howe Gelb, y al músico irlandés McKowsky, líder de The Lost Brothers. 

He elegido este bellísimo “Wedding waltz” por su toque mestizo y el objetivo de acabar con un final algo feliz. 







jueves, 2 de abril de 2026

Ivan Leonidov

IVAN LEONIDOV, EL “ARQUITECTO DE CAJÓN” 
QUE SOLO CONSTRUYÓ UNA ESCALERA. 

 “No soy nadie. He escrito mucho pero no queda nada.” 
(Pepín Bello, “escritor ágrafo” de la Generación del 27) 

Mural con su rostro en
una calle de Moscú
Se conoce como “genios de cajón” a personas de alta capacidad malogradas por motivos diversos. Creadores en distintas disciplinas, muchos o la totalidad de sus proyectos acabaron abandonados en el cajón de la historia, sea por inseguridad, perfeccionismo obsesivo, limitaciones del sistema o el coste, atrevimiento y magnitud de sus propuestas. 

Ayudado por la IA he sabido que el pintor Gerhard Richter quemó su obra de juventud porque no se reconocía en ella, que Gogol hizo otro tanto con la segunda parte de “Almas muertas”, su obra cumbre, o que muchas mujeres, como Zora Neale, antropóloga, la compositora Fanny Mendelssohn o la misma Marie Curie permanecieron silenciadas o eclipsadas por su condición de mujeres. 

En la línea de los genios de cajón, hace años leí el estupendo ensayo/recopilación “Bartleby y compañía”, que Enrique Vila-Matas dedicó a la "literatura del NO", el parnaso de los escritores que escribieron o publicaron poco o nada, entre ellos Pepín Bello, cuya cita corona el blog. 

El caso de Ivan Leonidov (Vlassika-Rusia 1902-1958) contiene ingredientes varios. Lo primordial es una materia prima incontestable: la genialidad. Unido a un entorno en principio favorable a la vanguardia, la revolución socialista, Leonidov cree que cualquier idea, por muy atrevida que sea, tiene cabida en el nuevo mundo. Craso error. Las ideas nuevas son tremendamente vulnerables, porque en todo proceso revolucionario se sabe lo que no se quiere, pero el conflicto empieza al abordar lo que debe sustituirlo. 

Escarbando en lo que sabemos de su vida pública descubrimos otra de sus características, a saber, que Leonidov era un optimista “enfermizo”. En sus 56 años de vida no dejó ya de idear, sino de presentar sus proyectos a cuanto concurso se convocara: Instituto Lenin, monumento a Cristóbal Colón en Santo Domingo, Centrosoyuz, Magnitogorsk, Palacio de la cultura del barrio Proletarski en Moscú, Club del kombinat del diario Pravda, casa del Comisariado del pueblo para la industria pesada, Kliutchiki en Nijni Taguil, campamento Bolshoi Artek , sanatorio del NKTP en Kislovodsk, kombinat del diario Izvestia en Moscú, Monumento a los héroes de Perekop, proyecto de Circo en Stalingrado, Monumento a la Victoria y del primer Satélite artificial de la Tierra, este ya dos años antes de su muerte. 

Con semejante historial, un equivalente al de los concursantes contemporáneos que igual compiten en Saber y Ganar que en Pasapalabra, no parece exagerado calificar a Leonidov de optimista enfermizo, porque de todos estos proyectos, seguramente mal pagados, solo consiguió ver construida la impresionante escalera de acceso al sanatorio de Kislovodsk, que en las fotos que acompaño parece la transcripción arquitectónica de un dibujo de otro genio, M.C.Escher. El resto fue al cajón que da título al blog.

Es cierto que el ostracismo a que fue relegado a lo largo de su vida profesional se debió en parte a su heterodoxia constructivista frente a la solemnidad impostada del urbanismo soviético, pero también al hecho de que sus diseños fueran visionarios, ya que ni siquiera existían recursos técnicos que permitieran llevarlos a cabo. 

Más allá de ese cierto idealismo estético, tan poco pragmático, Leonidov es todavía un modelo reconocido profesionalmente de interconexión entre arquitectura, naturaleza, cultura y sociedad, algo que también intentó desarrollar en sus últimos años de vida, empeñado en algo tan sumamente alejado de la realidad como el proyecto de Ciudad del Sol, un hábitat diseñado para que sus vecinos alcanzaran nada menos que la FELICIDAD.

Es de recibo culminar esta entrada con una de las antes nombradas "genias de cajón", Fanny Mendelssohn (Berlín 1805-1847), la hermana escondida de Félix. El padre de ambos había sentenciado que el hermano podía hacer de la música su profesión, pero en el caso de Fanny que esta era solo un "adorno". Semejante veredicto asignó injustamente varias obras de Fanny a su hermano Félix, entre ellas esta "Sonata de Pascua".

martes, 3 de marzo de 2026

Casa Gilardi

GILARDI, LA ¿CASA? MÁS BELLA DEL MUNDO

“Quienes no somos creyentes no sabemos cómo será el paraíso y ni siquiera si existe, pero a mí me gusta pensar que se parecerá a este lugar” (Pedro Torrijos – “La pirámide del fin del mundo”)

Quizás sea el cirio narco que se ha montado en aquellas latitudes o el hecho de haber estado oyendo últimamente a más de una cantante mejicana, pero estos días me he acordado de la casa Gilardi, un lugar que ni conozco ni conoceré físicamente, pero que descubrí y he observado a través de las redes gracias al libro de Pedro Torrijos del que extraigo la cita inicial y hablé en otra ocasión (https://charlievedella.blogspot.com/2024/09/arte-thomasson.html).

Construida en 1976 por el arquitecto Luis Barragán (Guadalajara-México 1902-1988), la primera pregunta que asalta tras la contemplación de los varios espacios de la Casa Gilardi es si puede considerarse como lo que se entiende por casa, “edificio para habitar” según la RAE, o se trata más bien de otra cosa, una obra creativa que tiene más en cuenta la combinación de formas, luces y colores que a los humanos que van a habitarla.

Llama la atención que Barragán fuese en cierto periodo de su vida un seguidor de las escuelas funcionalistas, pero el caso es que en ese momento el arquitecto ya está de vuelta. De hecho, acoge el proyecto que le encarga Francisco Gilardi (Santander-España 1905-1996) cuando empieza a notar primeros síntomas de parkinson, asumiendo el riesgo de diseñar una vivienda en una superficie estrecha (10x36 mts.), entre muros medianeros, y debiendo atender a dos caprichosas imposiciones de Gilardi: respetar la jacaranda del jardín e incorporar una piscina.

Aunque aún no ha obtenido el premio Pritzker, algo así como el nobel de arquitectura (lo hará en 1980), Barragán está en la cresta de la ola. Ese mismo año el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedica una exposición monográfica y obtiene el Premio Nacional de Arquitectura de su país. Eso le permite trabajar a su gusto, salvo en lo que se refiere a los caprichos del propietario, convirtiendo el edificio en el conjunto de luces, proporciones y colores del que hablaba en la introducción, una obra de arte de una belleza paradisíaca, sin duda, pero una vivienda en la que imagino a los moradores más preocupados por la buena conservación de la pintura de los muros, el estado de la piscina y la salud de la jacaranda que de su propio confort. 

Y es que vivir en un Velázquez, un Oteiza o un Ana María Matute tiene que ser como mínimo complicado.

Muy recomendable acercarse a la página que le dedica ArchDaily y ver la colección de fotos de los diversos espacios de la casa Gilardi (https://www.archdaily.cl/cl/02-123630/clasicos-de-arquitectura-casa-gilardi-luis-barragan).



Una de las cantantes mejicanas que me acompañan últimamente es Silvana Estrada (Xalapa, Veracruz, México - 1997), que se reconoce devota de la candorosa y malograda Lahsa de Sela (https://charlievedella.blogspot.com/2013/05/lhasa-de-sela-la-cantante-lhasa-de-sela.html). He elegido "Como un pájaro" por la bella simplicidad de canción y video, el despliegue de voz, y una especialidad que he evocado alguna vez, el uso del silbido. 


domingo, 15 de febrero de 2026

Baselitz

LA SILLA DE BASELITZ

El universo pictórico de Georg Baselitz (Kamenz – Alemania 1938) puede gustar o no, pero es de esas obras que por su intencionalidad y capacidad persuasiva hacen que nadie pueda permanecer indiferente a su contemplación.

Ubicado principalmente, creo que con acierto, en el expresionismo de larga tradición alemana, debo reconocer que le he conocido a raíz de su exposición en el Museo Bellas Artes de Bilbao y también que, pese a un indudable valor comunicativo que afecta e incomoda, me parece un tanto repetitivo.

Lo traigo aquí por tanto no ya por su valor pictórico, que también, sino por algo que me ha conmovido: la tenacidad para seguir creando a pesar de su edad y problemas de movilidad. 

En un momento en el que la creación también peligra por razones ideológicas, la insistencia casi heroica por seguir un impulso vital tan humano y primario como lo pueden ser la envidia, la empatía, el odio o el deseo, es esperanzador.

Para reflejar esta reflexión, nada mejor que transcribir el bello texto que Bernard Blistène (Francia 1955) ha dedicado a los últimos cuadros de la exposición que cuelga en el Bellas Artes.

“En marzo de ese año de 2024, lo visité en un estudio en el lago Ammer y lo encontré en una silla de ruedas de la que su asistente tiraba con una cuerda a lo largo y ancho de la superficie del lienzo, extendido en el suelo. Las ruedas dejaban surcos en el lienzo, creando huellas paralelas dondequiera que iba. Me conmovió y de inmediato recordé la historia de tantos artistas que, ante una limitación, habían inventado nuevas herramientas hasta convertirse en un cuerpo equipado, a veces en un cuerpo-máquina. Recordé el frágil bastón de Henri Matisse, el desesperado trabajo de Hans Hartung ante el lienzo, empujado por un asistente en su estudio de Antibes. Había visto esa disparatada película en la que el artista, ataviado con mono y máscara en mitad de una nube de pintura en polvo, con el sombrero calado hasta las orejas y una pistola de sulfatar en la mano, tras abandonar un mecanismo con cable demasiado pesado para su cuerpo amputado, libraba una batalla en la que el heroísmo y el agotamiento parecían fundirse, mostrando la pura vehemencia de una voluntad que nunca abandonaba”.

En mi caso por la dureza de una lengua que me parece muy consonántica, apenas conozco a cantantes y músicos alemanes, más allá de los clásicos y los tecnos, que tanto influyeron en los años setenta y ochenta del pasado siglo. Haciendo memoria creo que la primera canción alemana que escuché es "Sag warum", para llevarme la contraria un bailable lento y melódico que interpretaba un tal Camillo Felgen, cantante y letrista luxemburgués, allá por 1959.




lunes, 1 de diciembre de 2025

Bluff

CARLOS GÓMEZ CARRERA 

LAS CARICATURAS LAS CARGA EL DIABLO

Ahora que está tan de moda la revisión del franquismo, convertido de pronto en un periodo en el que todo dios era libre y feliz, tenía piso y coche en propiedad, algo que solo empezó a darse en sus últimos estertores, vale la pena descubrir la crueldad con que se abrió paso al iniciar su singladura en 1939.

Uno de esos casos es el del dibujante gráfico Carlos Gómez Carrera (Madrid 1903-1940), alias Bluff. Ilustrador naif en sus comienzos, dedicados principalmente al cuento infantil, viñetista en los semanarios “Muchas gracias” y “Gutiérrez”, ficha por el periódico “La libertad”, considerada la publicación progresista de Juan March, hasta que éste la vende en 1934. Es en ese periodo, inmediatamente anterior a la sublevación fascista, cuando Bluff deriva hacia una creación más politizada, si bien siempre dentro de los límites del humor gráfico, sobre todo como uno de los colaboradores estrella de la revista “La Traca”, propiedad del editor republicano Vicent Miguel Carceller (Valencia 1890-1940).

La Traca, fundada en 1884, fue una revista valencianista y anticlerical por la que pasaron conocidos autores como Zamacois o Blasco Ibáñez. Según algunos historiadores la publicación llegó a tener una tirada de medio millón de ejemplares, con una distribución en catalán y castellano que alcanzaba toda la península. 

En La Traca, un Bluff muy comprometido con la causa republicana convierte al depuesto Alfonso XIII y a Hitler y Mussolini en dianas principales de sus sátiras gráficas.

Tras el golpe militar de 1936 el dibujante se ceba en Franco, al que caricaturiza como un militar afeminado. Hay que pensar que en algunos ambientes africanistas éste era conocido con el alias de “la culona” y que la homofobia u homobroma también impregnaba entonces el imaginario “progresista”. 

Detenido junto a Carceller nada más acabada la contienda, consigue inicialmente una redención de penas por trabajo penitenciario, pero su carácter siempre inquieto le incita a publicar una tira cómica en la revista del penal, cínicamente denominada “Redención”. Parece que la aparición de un fulano con el puño en alto y una estrella de cinco puntas en una de sus viñetas despierta la búsqueda de su pasado y remueve el afán de venganza de los franquistas, quizás del propio dictador, por la portada de La Traca.

El caso es que, tras un juicio sumarísimo, el 28 de Junio de 1.940 un camión recoge de la cárcel Modelo de Valencia a siete presos, entre ellos a Bluff y a Carceller con un destino conocido: el paredón del campo de tiro de Paterna, sito frente el Cementerio de la misma localidad, donde ambos serán fusilados y enterrados en una fosa común.

Carceller

Sería injusto cerrar este blog de homenaje a Gómez Carrera, pero también a Carceller, sin citar un hecho ejemplar. El caso es que nada más ser detenidos, los instructores franquistas se centran en conocer la identidad de otro de los colaboradores de La Traca, el que se esconde tras el seudónimo de Tramús o Marqués de Sade, dibujante especializado en temas eróticos. Pese a ser torturados durante días – a Carceller le obligan a comerse literalmente un ejemplar de la revista– no consiguen hacer que canten el nombre real de Tramús, que no es otro que el del ilustrador Enrique Pertegás (Valencia 1894-1962). Este no solo salvará su vida, sino que seguirá publicando, ahora ya cosas inocuas, como un famoso y reconocido tebeo de la época, “Silac, el hombre león”, hasta su fallecimiento en 1962. 

En la época franquista las caricaturas las cargaba el diablo…

Creo que es la primera vez que traigo al blog a los Clash, así que valga este video basado en su "Spanish bombs" como desagravio.



sábado, 25 de enero de 2025

Vicente Cutanda

"LA HUELGA DE OBREROS EN VIZCAYA", 

UN CUADRO DE VICENTE CUTANDA


Hace unos años, a raíz de una visita al museo de Bellas Artes de Asturias, en Oviedo, dediqué un blog a “Felicidad”, cuadro de Dionís Baixeras, pintor costumbrista de mi tierra. (https://charlievedella.blogspot.com/2017/04/felicidad-un-cuadro-de-dionis-baixeras.html?m=0)

Si tal como decía en aquel artículo Baixeras nunca retrató temas y personajes escabrosos, el protagonista de esta nueva entrega, Vicente Cutanda (Madrid 1850-1925), autor descubierto en el libro que Kirmen Uribe dedicó al museo de Bellas Artes de Bilbao en su 110 aniversario, sí lo hizo. En concreto abundantes obras que mostraban los avatares de la industrialización, principalmente en los dos márgenes de la ría del Nervión en Bizkaia, mi tierra de adopción. 

Me ha parecido adecuado comparar ambos cuadros, porque desde el punto de vista formal comparten una pintura clásica, ajena a las vanguardias que avanzaban imparables en Europa, pero son antagónicos en la forma de afrontar la realidad que retratan. Mientras Baixeras se acerca a la vida de la gente sencilla con una mirada complaciente, Cutanda, que ha empezado a pintar en Toledo, ocupando durante años la plaza de dibujo en la Sociedad Cooperativa de Obreros, opta, por lo menos durante un largo intervalo de su vida, por reflejar momentos críticos de la clase obrera industrial. Hablo de “intervalo”, porque parte de su obra, principalmente de encargo, está orientada a la imaginería religiosa, de alta demanda en Toledo. 

Miembro de una familia acomodada e intelectual – su padre fue catedrático de Organografía y Fisiología vegetal en el Jardín Botánico de Madrid y de Fitografía y Geografía botánica en la Universidad de Madrid - Cutanda, persona conservadora y religiosa, da un giro a su obra a partir de la publicación de la encíclica papal “Rerum Novarum”, que en 1891 muestra un nuevo interés de la iglesia católica por las condiciones de trabajo de las clases populares.

Impresionado por la polémica que genera la encíclica, que vive directamente en un viaje a Roma, viene a Bizkaia, donde pintará una serie de dibujos, ilustraciones y cuadros, alguno de ellos, como éste, de grandes dimensiones, que reflejan las vicisitudes del trabajo en la industria metalúrgica, también de los inicios del movimiento obrero. 

Lo curioso, quizás lo que le empareja a Baixeras, cosecha personal, es que ambos pintan como espectadores. Todo pintor lo es, pero en este caso se manifiesta claramente en ese Baixeras que acude a las playas barcelonesas a contemplar el descanso de las familias, pero también en esta especie de cronista de los avatares de la clase obrera en los altos hornos de Sestao. Si observamos el punto de vista del pintor en el cuadro que encabeza este blog, éste se sitúa por detrás y a cierta distancia del tumulto generado por la arenga de un líder sindical. Una óptica, la de observador, que le aisló del compromiso político directo, pese a haber colaborado puntualmente con el periódico socialista “La lucha de clases”.

En cualquier caso la obra de Cutanda tiene un alto interés histórico, porque es insólita en un momento en el que los pintores se inclinaban hacia el post-impresionismo, el fauvismo y los primeros atisbos del cubismo. 

El prejuicio vanguardista, a menudo injusto cuando no hablamos solo de arte en un sentido abstracto, sino también del entorno en el que nace, hizo que “La huelga de obreros en Vizcaya”, hoy considerado el cuadro más representativo del realismo social de la época, estuviera a punto de perecer en los sótanos del Ministerio de Trabajo, primero olvidado y luego proscrito durante el franquismo. 

Solo a primeros de este siglo XXI, más de cien años después de su creación, de ser premiado en la Exposición Internacional de Madrid de 1892 y adquirido por el Museo del Prado, fue redescubierto y restaurado, volviendo al lugar que sin duda le corresponde.

Nota: hay un elemento del cuadro que a mi modo de ver desvirtúa su indudable calidad, la dos figuras, adolescente e infantil, que aparecen por detrás de la vagoneta, no solo extrañas, sino desproporcionadas respecto del conjunto. Nadie es perfecto...


Hemos tenido una entrada de año familiar un poco complicada pero estoy seguro de que acabaremos ganando "la champions y el mundial", como dice esta animosa y bella canción de Love of lesbian acompañado de Leiva.



martes, 10 de septiembre de 2024

Arte Thomasson

ARTE THOMASSON

Gracias a Pedro Torrijos, twittero al que sigo y autor de un libro tan curioso como recomendable, “La pirámide del fin del mundo”, he conocido un tipo de arte que ignoraba, el Thomasson. 

El nombre está tomado de un jugador de beisbol, Gary Thomasson, que considerado uno de los mejores del mundo fue fichado por un club japonés, convirtiéndose en el mejor pagado de la liga de ese país. La putada es que el rendimiento deportivo de Thomasson no solo fue descendente durante los dos años de su estancia en Japón, sino que acabó en el banquillo y estuvo a punto de batir el récord de strickhouse (eliminación por fallos de bateo) de la liga.

Un conocido artista de vanguardia, Genpei Akasegawa (Yokohama- 1937-2014), se basó en esa experiencia para inventarse un movimiento artístico y darle el nombre del bateador fallido. Partiendo del principio de que el arte es una “disciplina” inútil, que no tiene función ni posibilidad de uso, y tras una investigación que nació como una broma, la recopilación de elementos arquitectónicos también fallidos, Akasegawa creó con varios artistas contemporáneos la Sociedad de Observación de la Calle, dedicada a descubrir ese tipo de arte cotidiano, del que acompaño un par de ejemplos curiosos.

Otro de los miembros más destacados del grupo, tanto por lo prolífico como por la excentricidad de su obra, de tono humorístico y transgresor, es Terunobu Fujimori (Miyakawa-Mura – 1946). 

Instigador del grupo de Detectives de la Arquitectura, precedente de la sociedad antes citada, Fujimori reinvierte tanto materiales, normalmente naturales, como modos tradicionales. El  ejemplo más conocido es su famosa Casa de Té Takasugi-an (Casa de té demasiado alta), que subvierte la costumbre nipona de agacharse al entrar, ubicándola a una altura de seis metros y acceso casi imposible. 

Sin esa pretensión artística, pero también crítica, tanto del despilfarro de recursos como de la banalidad de profesionales o simples usuarios, corren por las redes ejemplos diversos que recuerdan al Arte Thomasson. 

Boniatobill, twittero con más de 40.000 seguidores, suele usar la expresión “esto pa qué…” para dar a conocer barbaridades arquitectónicas, de diseño absurdo, o simplemente de uso estúpido o temerario de objetos varios.

También habituales son los concursos, normalmente informales, sobre incumplimientos graves en la protección de riesgos laborales, pero husmeando en las redes he sabido que una federación empresarial incluso convocó un certamen real, con premio incluido, para la foto de actividad temeraria que consiguiera más twits. Acompaño un ejemplo espectacular de andamio que me parece pura creatividad thomassiana…

Como artistas reconocidos, tanto la de Akasegawa como la de Fujimori son obras muy cotizadas, algo que puede asombrar a primera vista, pero comprensible si nos acercamos a lo que el estudioso de urbanismo y  colaborador de “El Intermedio”, Erik Harley, denomina “Pormihuevismo”, un tipo de “arte” muy extendido en el reino de España y mucho más caro e inservible que el de los artistas japoneses. 

La obra más importante del “pormihuevismo” patrio es la “Ciudad de la Justicia” de la Comunidad de Madrid, un proyecto iniciado en 2004 y abandonado el 2009, tras dejar un reguero de mierda de 355 millones y un solo edificio de los catorce planteados. El único uso conocido en estos casi veinte años fue servir de morgue durante la pandemia. 

Ayer mismo se supo que uno de los entonces consejeros de la comunidad ha sido condenado a siete años de cárcel por la Audiencia Nacional, pero no, por lo menos por ahora, la principal mentora de la “ciudad”, Esperanza Aguirre que, pese a ser por entonces presidenta, ha declarado poco más o menos que “ella solo pasaba por allí”. Isabel Ayuso, su alumna aplicada, ha renovado el proyecto, que ahora prevé costará 680 millones (que venga dios y lo vea…) y, según la artillería mediático-económica normalmente a su servicio, ahorrará el coste del mantenimiento de la dispersión de inmuebles actual (hojalá…). 

Si la ciudad se lleva finalmente a término, el único edificio existente pasará milagrosamente de “obra de arte Thomasson” a simple “edificio funcional”.

Para acompañar el festín/festejo he elegido esta actuación de la "Balkan Paradise Orchestra" con Miki Florensa, guitarrista de La Pegatina, grupo que ya estuvo en el blog no hace mucho (https://charlievedella.blogspot.com/2024/02/botones.html). Por cierto, hace solo dos semanas la fanfarria catalano/balkánica ofreció un concierto de la leche en el el Urdu Folk de Orduña. 

¡¡¡ A bailar !!!

miércoles, 12 de junio de 2024

Tauromaquia

TAUROMAQUIA

Mi nieto mayor y yo estamos convencidos, sin demasiada base científica, todo hay que decirlo, de que la mosca es el animal doméstico más tonto. Le abres la ventana para que escape por la bocana libre y acaba chocando una y otra vez con el muro de cristal. 
Al hilo de esa reflexión le mostré a mi nieto la técnica que la gente de campo tiene para acabar con las moscas “inevitables golosas”, que cantara Machado: esperar con la mano a pillarlas en su inconsciente huida hacia delante. 
Esta pequeña introducción sirva para decir que a mi nieto no le gustó la idea de capturarla. “Tendrá ama y aita y la echarán de menos”, me dijo, algo que me recordó a mi padre reprendiéndonos a mi hermano y a mí por pisar o incordiar a una hilera de hormigas cuando éramos niños.

Las moscas nunca han estado de moda. Forman parte de la tradición e incluso de la cultura peninsular, pero en su calidad de seres vulgares, pertinaces, revoltosos, “que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas”. De nuevo Machado. 

Mejor imagen tiene el toro bravo, sea como imagen de Osborne o res para la lidia, algo que una parte de la sociedad considera un arte, el de Cúchares, apodo de Francisco Arjona Herrera. Este torero desarrolló el pase de muleta y alargó la faena, un eufemismo que define el periodo de sangría que media entre la entrada del toro en el coso y su muerte por estocada y/o descabello.

Grupo de jóvenes y niños
en la escuela "El Yiyo"
Si Cúchares, niño huérfano en la Sevilla de primeros del siglo XIX, fue alumno aventajado de la Escuela de Tauromaquia fundada por el inefable Fernando VII, el arrebato de los taurinos a que el Ministerio de Cultura les quite privilegios reabre escuelas, como la del “Yiyo”, en Madrid, bajo la divisa de “escuela de valores y de vida”, y alienta nuevas subvenciones en las comunidades gobernadas por las derechas. Siempre en vanguardia de la España cañí, la misma Comunidad de Madrid ha creado una Dirección General de Asuntos Taurinos, con matador de jefe y una pasta de ingresos fijos.
Y es que los estudiosos del tema hablan de hasta 500 millones en ayudas indirectas a las ganaderías a través, ¡sorpresa!, del Plan Agrario Común (PAC) europeo, y directas a la tauromaquia de más de 10 kilos. Hay que subrayar que uno de los ex responsables del PAC, el ex ministro de Agricultura Arias Cañete, está casado con una Domecq, familia de raigambre taurina.

En lo que respecta al debate cultural hay que aceptar que la tauromaquia sí tiene un itinerario más o menos ligado a la cultura, incluso un lenguaje atractivo a la literatura y el periodismo: suerte de varas, chicuelina, rejón, montera, monosabio... Muchos intelectuales de signo y épocas diversas han sentido fascinación por ese léxico y un universo conceptual de bravura, valentía, temeridad, sacando chispas artísticas y literarias a la peculiariedad de una “fiesta” que ahora leo se remonta a la era del bronce, cuando jóvenes gimnastas de Creta y Tesalia hacían acrobacias apoyándose en los cuernos de toros bravos. 

Picasso taurino
Goya o Picasso han dejado numerosos grabados sobre el asunto, y en el caso del primero hasta un modelo de vestimenta, la goyesca, que aún se utiliza en los festejos de la corte. Con un par de capotazos mirando al tendido los taurinos de derechas se han hecho lorquianos de repente, al recordar el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” que Lorca dedicó al mecenas de la Generación del 27. Y es que el torero, él mismo escritor aficionado, auspició el homenaje a Góngora que forjó la existencia del grupo literario. Omiten, eso sí, que el poeta no era demasiado aficionado al arte de Cúchares y que fue asesinado junto a dos banderilleros anarquistas, Arcollas y Galadí.
Creo que este hecho, quizás también el contenido popular y de clase de la torería hasta casi finales del siglo XX, fomentó el acercamiento de intelectuales de izquierdas al fenómeno taurino. A la fascinación que produce el animal se une el hecho de que las cuadrillas estaban compuestas de jóvenes que huían de la miseria rural y se dirigían a las plazas ciudadanas en busca de fama y modus vivendi, algo que empieza a torcerse cuando el papel cuché da portadas a la boda de toreros con cantantes, actrices, incluso aristócratas, y la tauromaquia, salvo excepciones, pasa a ser un mundo endogámico, de sagas de señoritos que torean cuadrúpedos afeitados. Esta doble realidad, la de chavales que torean furtivamente en las dehesas y llegan a la ciudad con un hatillo y una muleta de avellano, y la de los toreros que triunfan y casan con tonadilleras, ha sido ampliamente reflejada en el cine, pudiéndose hablar incluso de género taurino: desde “Los golfos” o “Jamón, jamón” a “Manolete” o “Aprendiendo a morir”, pasando por “El último cuplé” o la maravillosa serie “Juncal”, con un Rabal en estado de gracia.
La gente de mi edad no es ajena al mundo de la tauromaquia. Asocio algunos veranos de infancia y adolescencia a la conexión que la única televisión del régimen establecía con las plazas de Pamplona o San Sebastián a las “cinco de la tarde”, como repite el poema lorquiano, quien sabe si porque la primera era un coso ligado al “alzamiento”, y el segundo el de la ciudad donde el dictador pasaba parte de los veranos. Tenía unos trece años cuando asistí por dos únicas veces a una corrida de toros. Un familiar que trabajaba en el ayuntamiento de Barcelona había conseguido varias entradas, ni más ni menos que para ver al torero del momento, Manuel Benítez, “El Cordobés”. El caso es que, pese a lo mayúsculo del cartel, apenas hubo media entrada, en gran parte de guiris que llegaban en autocares de destinos playeros. Sirva este ejemplo sesentero para destacar la indiferencia de la ciudad hacia la fiesta nacional, algo que se ha ido extendiendo a lo largo de la “piel de toro” hasta nuestros días. Creo que sin subvenciones y premios onerosos la tauromaquia tendría los días contados.

Vuelvo a la inocencia de mi nieto, que ve en cualquier ser con vida a alguien que merece conservarla, aún inconsciente de que gran parte de cuanto comemos es sacrificado para que seamos nosotros quienes sobrevivamos. Pero no es un mal principio. Seguramente quienes no tienen ese impulso primario de empatía disfruten con el salpicadero de sangre que es la llamada “fiesta nacional” y deseen que haya jóvenes, mejor si son de las castas inferiores, que aprendan a jugarse la vida ante un morlaco de 500 kilos a beneficio de un espectáculo lleno de sadismo. 

Hay mucha música y canción dedicada al “arte de Cúchares”, pero entre que es un tanto casposa y que por el camino se me ha cruzado este pedazo de versión del “Sultans of swing” de Dire Straits con Pedro Javier González (habitual con El último de la fila, Manolo García, Serrat y tantos otrísimos, además de una decena de proyectos propios) y un grupo de colegas (Tommy Emmanuel y Jhon Jorgenson), me he dejado llevar…



sábado, 27 de enero de 2024

Rafael Guastavino

 RAFAEL GUASTAVINO, BOVEDISTA

Mi amigo y compañero de fatigas Juanan me descubrió al valenciano Rafael Guastavino (Valencia 1842-1908), un curioso tipo, olvidado por la historia, al que en su época nombraron como “el arquitecto de Nueva York”.

Nacido en una familia numerosa de tradición musical, Guastavino trabaja algún tiempo en un estudio de arquitectura de su ciudad natal, quien sabe si empujado por la memoria de su tatarabuelo, Juan José Nadal (Belchite 1690-1762), arquitecto de las iglesias de Sant Jaume de Villarreal y Nuestra Sra. de la Piedad de Azuara. Con solo 16 años viaja a Barcelona, es acogido por un hermano de su padre y cursa estudios en la escuela de Maestros de Obra, equivalente a las actuales escuelas de arquitectura, donde aprenderá los trucos de la profesión.

Guastavino destacó pronto en dos facetas, el ingenio y la bragueta, y en ambas por mediación del tío Ramón, ya que deja embarazada a su hija y consigue sustituir al mano de obra de la fábrica Batlló, posterior Escuela Industrial y actual espacio multifuncional, gracias a la influencia de aquel como sastre de prestigio. Esta fábrica de hilados y tejidos de algodón fue un debut espectacular, ya que equivale a cuatro manzanas del ensanche de Barcelona. Por cierto, yo jugué durante un par de años en su campo de fútbol, de tierra como la mayoría de los de la época, pero también un lujo comparado con los del Remedios o San Juan de Dios, donde también había puesto en riesgo las espinillas años antes.


Teatro La Massa 
Inaugurada en 1870, cuando el maestro de obra aún no ha llegado a los 30 años de edad, se supone que su construcción le proporcionó importantes ingresos. Sin embargo, la muerte de su protector barcelonés, el tío Ramón, antes de 1875, el mantenimiento de mujer y cuatro hijos, además de alguna que otra amante, quebraron su patrimonio, “empujándole” a crear una estafa piramidal que le obligaría a huir de la justicia y dar el gran giro a su vida personal y profesional, viajar a los Estados Unidos.

Antes ideará y desarrollará una pequeña obra, el teatro La Massa, en Vilassar de Dalt, la más emblemática de su etapa barcelonesa, por contener el primer uso de la bóveda tabicada, una técnica constructiva heredada de la arquitectura de origen islámico, muy extendida por la zona mediterránea. Este uso enlaza, además, con las bóvedas que dan techo a las iglesias de su tatarabuelo, Juan José.

La inauguración del teatro en 1881 casi coincide con la separación de su esposa, que se va a Argentina con tres de sus hijos, y la huida de Guastavino a Nueva York con Rafael, su hijo menor, que acaba de cumplir nueve años de edad. Atrás deja una deuda considerable, acusación de fraude y apropiación indebida, pero no a su última amante, Paulina Roig y a sus dos hijas, que le acompañan. Estas volverán a Barcelona solo un año después, incapaces de aguantar la situación de precariedad y el clima social y literal de la ciudad. Guastavino, por el contrario, nunca volvería a cruzar el charco. Ya con 40 años de edad, el arquitecto da un giro a su vida y en Nueva York alcanzará, no sin altibajos, su momento de zénit profesional.

Si bien subsiste inicialmente con dibujos e ilustraciones para una revista de decoración, en 1884 gana el concurso para la construcción del Progress Club, lo que le da cierta fama y una pasta que invertirá en la compra y promoción de viviendas en el centro de la ciudad. Siempre dispuesto a vivir en una montaña rusa se ve arrastrado nuevamente a la ruina por la crisis financiera de ese mismo año.

Biblioteca de Boston
Apurado por su situación económica da el paso que le acabará convirtiendo en un referente arquitectónico a nivel mundial: patenta la bóveda tabicada. A mediados del siglo XIX las ciudades de Boston y Chicago habían sufrido grandes incendios, ya que las estructuras de las casas eran de madera. Además de patentar el método constructivo Guastavino hizo varias perfomances con pequeñas muestras a las que él mismo intentaba dar fuego, demostrando su carácter ignífugo, además de barato. Es evidente que era un tanto manirroto, pero también un excelente comercial.

Como parece lógico su primera gran obra se da en Boston, la Biblioteca Pública, hoy considerada una de los mejores edificios de la época. El contrato fue de 90.000 dólares, un estipendio que le aventura a crear la Compañía Gustavino junto a su hijo Rafael, desde entonces una de las más importantes del país, creando 1.000 edificios hasta 1960, momento de su desaparición definitiva, no solo en USA, también en India, Cuba y Canadá.

Oyster Bar
Es curioso que la figura de Guastavino no haya sido conocida en su tierra hasta
hace pocos años, ni siquiera entre la mayoría de los arquitectos. De hecho no aparece en los manuales de la profesión hasta 1972, cuando goza de obra tan inmensa, inmortalizada en parte en películas con Nueva York de fondo, como es el caso de la bóveda del actual Museo de la Inmigración, antigua vía de entrada a los Estados Unidos en la isla de Ellis, una construcción espectacular con 14.000 azulejos; el bar de ostras y la llamada “galería de los susurros” en la Gran Estación Central, o la bóveda del Puente de Queensboro. Sin olvidar su participación en la construcción de la iglesia de Saint John Divine, aún inacabada al no reanudarse su obra tras la segunda guerra mundial.

Espero que este pequeño resumen active la curiosidad por conocer mejor a personaje tan importante en la arquitectura como peculiar en su vida privada. Para ello hay bastantes entradas en internet y un interesante documental con este enlace: https://www.rtve.es/play/videos/imprescindibles/imprescindibles-arquitecto-nueva-york-rafael-guastavino/3571098/

De acompañamiento musical el grupo Al Tall con uno de sus primeros éxitos, "Darrer diumenge d´octubre" (Último domingo de octubre), día de celebración nacionalista del País Valencià.





sábado, 16 de septiembre de 2023

Alisa Sibirskaya

 ALISA SIBIRSKAYA, FOTÓGRAFA PICTÓRICA

De la serie "Dreamers"
Bill Viola

Desde que los/as humanos/as, por las razones que fueran, empezaron reinterpretar el mundo en cuevas y murales de piedra, buscaron plasmar la realidad dentro de las posibilidades que sus herramientas y pigmentos se lo permitían. No soy experto en historia del arte pero es innegable que el atrevimiento artístico y el desarrollo de la vanguardias en la pintura es paralelo al nacimiento y evolución de la fotografía como medio de emulación de la realidad.


Ante la derrota que suponía un medio que igualaba el natural, l@s artistas plástic@s exploraron nuevas vías de expresión, sea con los instrumentos clásicos (impresionismo, fauvismo, etc.), sea saltando las barreras mismas de lo meramente expositivo (dadaísmo…).

"Mujer bebiendo con
su marido"
Veermer

Pues bien, el itinerario seguido por la fotografía ha sido de algún modo el inverso. En la inauguración de una exposición reciente, un fotógrafo local reconocía que su obra había derivado en los últimos tiempos hacia la abstracción, y así se recogía en instantáneas de papeles medio arrancados, paredes desconchadas y la búsqueda de una descomposición de los espacios naturales. Es como si los fotógrafos descubrieran que un género que parecía anticuado en el siglo XIX, la pintura, se les hubiera adelantado.

Otro punto de vista reconoce y recrea el valor de los pintores clásicos. Es el caso del video-artista Bill Viola (Nueva York 1951), a quien el Guggenheim de Bilbao dedicó una retrospectiva en 2017. En ella se apreciaba que parte de su obra había evolucionado hacia un cierto clasicismo, principalmente en el uso del color y la luz. Algunos críticos relacionaban esas instalaciones con la pintura renacentista, algo que en alguna de sus instalaciones, “The dreamers” por ejemplo, parecía evidente.

"7", Alisa Sibirskaya
Creo que la sorprendente Alisa Sibirskaya (Krasnoyarsk (Rusia) – 1989), a la que he descubierto hace nada, no solo “parte de”, sino que insiste en esa veta y retrocede directamente unos cuantos siglos, no ya homenajeando a los clásicos holandeses, que lo hace, sino generando una obra, en este caso fotográfica, que parece una continuidad de la que Vermeer o Steen pudieran pintar casi cinco siglos antes.

"Mujer desnudándose"
Steen

Curiosamente, Sibirskaya, afincada actualmente en Barcelona, considera que sus “fotografías son un diario, no hablo de sirenas, centauros o criadas de la edad de oro holandesa, hablo de mí misma; todo lo que aparece en las imágenes son para mí cosas muy específicas”, algo que es difícilmente perceptible en instantáneas que resaltan su formación teatral, principalmente en la composición, y que, si bien entiende como una “sublimación”, contrasta, por no decir que no tiene que nada que ver, con su reivindicación de la “cultura de la protesta” y una actitud muy crítica con la invasión de Ukrania y la deriva de la Rusia de Putin. Sí reconoce que tras el impasse que la guerra ha producido en su obra es más que probable que esta gire, aunque sea, dice, “a través de símbolos y metáforas”. Me atrevo a adelantar, y me gustaría que así fuera, que hacia una reinterpretación de los muy interesantes y olvidados maestros del realismo socialista, de la que ya hay algún atisbo...Pero sea como sea, disfrutemos de esta oleada de revisionismo fotográfico, que reproduzco en reducida dimensión, porque la belleza, aunque retroceda, es siempre sinónimo de felicidad.

"Cleopatra"
Alisa Sibirskaya

Aquí el link de su página web, que vale la pena merodear: https://alisasibirskaya.com/







Alentado por un familiar melómano me he asomado recientemente a la obra de otro ruso exiliado, Serguéi Rachmaninoff (1873-1943), según él el mejor enlace, en este caso musical, entre lo clásico y la modernidad. Como sus obras más reconocidas me parecen muy complejas, he elegido este precioso y no muy extenso adagio de la Sinfonía n.2, Opus.27 III.