El universo pictórico de Georg Baselitz (Kamenz – Alemania 1938) puede gustar o no, pero es de esas obras que por su intencionalidad y capacidad persuasiva hacen que nadie pueda permanecer indiferente a su contemplación.
Ubicado principalmente, creo que con acierto, en el expresionismo de larga tradición alemana, debo reconocer que le he conocido a raíz de su exposición en el Museo Bellas Artes de Bilbao y también que, pese a un indudable valor comunicativo que afecta e incomoda, me parece un tanto repetitivo.
Lo traigo aquí por tanto no ya por su valor pictórico, que también, sino por algo que me ha conmovido: la tenacidad para seguir creando a pesar de su edad y problemas de movilidad.
En un momento en el que la creación también peligra por razones ideológicas, la insistencia casi heroica por seguir un impulso vital tan humano y primario como lo pueden ser la envidia, la empatía, el odio o el deseo, es esperanzador.
Para reflejar esta reflexión, nada mejor que transcribir el bello texto que Bernard Blistène (Francia 1955) ha dedicado a los últimos cuadros de la exposición que cuelga en el Bellas Artes.
“En marzo de ese año de 2024, lo visité en un estudio en el lago Ammer y lo encontré en una silla de ruedas de la que su asistente tiraba con una cuerda a lo largo y ancho de la superficie del lienzo, extendido en el suelo. Las ruedas dejaban surcos en el lienzo, creando huellas paralelas dondequiera que iba. Me conmovió y de inmediato recordé la historia de tantos artistas que, ante una limitación, habían inventado nuevas herramientas hasta convertirse en un cuerpo equipado, a veces en un cuerpo-máquina. Recordé el frágil bastón de Henri Matisse, el desesperado trabajo de Hans Hartung ante el lienzo, empujado por un asistente en su estudio de Antibes. Había visto esa disparatada película en la que el artista, ataviado con mono y máscara en mitad de una nube de pintura en polvo, con el sombrero calado hasta las orejas y una pistola de sulfatar en la mano, tras abandonar un mecanismo con cable demasiado pesado para su cuerpo amputado, libraba una batalla en la que el heroísmo y el agotamiento parecían fundirse, mostrando la pura vehemencia de una voluntad que nunca abandonaba”.
En mi caso por la dureza de una lengua que me parece muy consonántica, apenas conozco a cantantes y músicos alemanes, más allá de los clásicos y los tecnos, que tanto influyeron en los años setenta y ochenta del pasado siglo. Haciendo memoria creo que la primera canción alemana que escuché es "Sag warum", para llevarme la contraria un bailable lento y melódico que interpretaba un tal Camillo Felgen, cantante y letrista luxemburgués, allá por 1959.
"Tengo 19 años. No fumo, no bebo, no me drogo, no salgo de fiesta. No hago nada a raíz de lo que no sea dios, familia, negocios." (Ramón González - 19 años - 633.000 likes en TikTok)
“¿Cómo puedo tener buena conciencia si no tengo conciencia de nada?” (Manuscritos económicos y filosóficos – Karl Marx)
Palpable alegría en el concierto de Hakuna
La espiritualidad está de moda. El grupo musical Hakuna llena la Puerta del Sol en un macroacto navideño organizado por Díaz Ayuso; Rosalía saca un disco hablando de una lux sobrenatural, de un dios que llora diamantes; Ruiz de Azúa, excelente directora, quizás la mejor dialoguista del momento, plantea el dilema de la vocación religiosa en su última película, “Los domingos”; las redes se llenan de propaganda de una cosa llamada Effetá, del arameo “ábrete”, un movimiento que se abre proponiendo retiros, eso sí, en busca de dios; y evito hablar del “evangelismo” creciente, sobre todo en ambientes latinos, para no calentarme.
En un proceso de embrutecimiento de la geopolítica y la doméstico-política por el capitalismo en crisis, las cortapisas sobran. No interesan superestructuras ideológicas, sea en forma de moral, religión, derechos humanos, que mitiguen la brutalidad del poder, del mal. Pero esa regresión no se puede hacer de un plumazo. No es posible reclamarse portaestandarte de los valores cristianos o ilustradores de occidente y actuar como un troglodita antropófago. Es necesaria una etapa de confusión, de medias tintas, lo que, revirtiendo la formulación de Hannah Arendt, me atrevo a llamar “banalización del bien”.
La banalización del bien es una deconstrucción, el desarme de lo que los humanos creíamos haber edificado durante siglos para intentar convivir en condiciones mínimas. Cierto que en todo este tiempo ha sido más un deseo, una utopía, un objetivo, que una realidad, pero servía tanto para que una parte del mundo creyera en que se podía avanzar, como para que los poderosos nos hicieran creer de que era así, pero por lo menos, y por momentos, servía de contrapeso a la arbitrariedad que todo poder supone.
En nuestro ámbito ético-cultural, el que va desde la "Ética Nicomaquea" a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pasando por el derecho romano, el evangelio de Mateo, Montesquieu (dejo aparte el Manifiesto Comunista no vaya a ser que me acusen de rojo), se trata, creo, de un proceso de postergación de lo humano. En términos puramente cristianos, los que abordo al principio del blog, del abandono de Jesús y la revitalización del dios bíblico. El yo espiritual da la espalda al hombre y se refugia en lo inexplicable, donde se especula y decide lo que es belleza, perfección, virtud, porque aquel, el hombre, es fealdad, imperfección, pecado, y solo aporta conflicto e inseguridad.
Mientras en Gaza...
Como fenómeno introspectivo, ajeno a la confrontación, “la banalidad del bien” favorece indirectamente el abandono de toda moral social, la que protagonizaba el cristianismo de base, las oenegés, los tribunales internacionales de justicia, los utopistas de diverso signo, lo que el integrismo hispano califica ya de buenismo woke, pero lo hace mediante el uso inicial de formas "amables", bobaliconas, a veces hasta pelín gamberras, con una alegría impostada y sociabilidad ambigua, que no dice despreciar al otro ni a cuanto le rodea pero lo huye.
“La banalidad del bien” narcotiza a la sociedad, juega como nunca el papel de opio del pueblo y deja el camino libre a la injusticia y la arbitrariedad del poder. Criticar un acto tan “guay” como el protagonizado por Hakuna en festividad tan señalada, considerar que las letras del último disco de Rosalía son fruto de una mala digestión de textos religiosos y al mismo tiempo reivindicar algo tan revolucionario como son las obras de misericordia es ser un puto radical que no entiende que la bondad está en dios, nunca en los hombres, y que no podemos ni debemos oponernos a su voluntad, aunque esta sea el dolor, el hambre, la crueldad.
Cuando el supuesto "bien" es tan banal, acrítico, asocial, indiferente, el mal, es decir, la cultura del genocidio, el fascismo, el neocolonialismo, desde luego el negocio del que habla el chico de Tiktok de la cita inicial, tienen alfombra roja, porque una parte de la humanidad, sobre todo si pertenece al primer mundo, está a otra cosa.
Pese a la moda nada nuevo bajo el sol, manque nos pese. A fin de cuentas, dios, no sé si la familia, pero desde luego el negocio siempre estuvieron con ellos…
A sus 86 años Mavis Staples (Chicago 1939) ha grabado un hermoso disco de versiones. Entre ellas he elegido la que hace de "Beautiful strangers", canción que Kevin Morby (Lubbok-Texas 1988) dedicó a las víctimas de los atentados islamistas de Orlando y París en 2016, y al asesinato de un joven negro, Freddy Gray, a manos de la policía en Baltimore el año anterior. La canción viene al dedo del tema porque, Morby, autor que se define como "espiritual, no religioso", mezcla elementos de crítica a la violencia política con citas y latiguillos cristianos. He encontrado esta grabación de octubre pasado de la Staples con el propio Morby, Nathaniel Rateliff y the Night Sweats
asesinada por la policía anti inmigración de Trump
el pasado 7 de enero
Pablo, mi librero de cabecera, me recomendó este libro hace aproximadamente un año. Me dijo que conocía a la autora y que creía que me iba a sorprender.
Uso la poesía como un paliativo cuando estoy en lecturas más densas o de largo alcance. Como materia autónoma, pese a su brevedad, tiene el poema un lenguaje que incita a leerlo varias veces y así capta uno con calma su intención, sus secretos formales, sus gazapos.
Como lector bastante esporádico y nada convencional de poesía reconozco que al principio me costó adaptarme a una textura prosaica, de léxico difícil para la tonalidad, pero eso sí, que no escondía la intención de la que hablaba antes, porque hubo momentos en que me pareció un texto robótico.
Sin embargo, una lectura más reposada de “Circuito cerrado…” descubre a una autora tierna, sutil y más pluridimensional de lo que puede parecer en un primer momento.
Nacida en Madrid, pero granadina por sangre y querencia, Mayte Gómez (1993) pertenece a una generación de poetas mujeres que ella reivindica. Aunque vive y trabaja en Alemania, dedicada a la visualización y creación de datos en 3D conserva el deje granadino y un torrente verbal del que presume. Dice escribir poesía porque tiene que trabajar, y eso no le deja tiempo para el ensayo o la narración. La concibe casi como una excreción, según propias palabras, como algo que tiene una necesidad fisiológica de expulsar, lo que rocía el texto de una naturalidad que se aprecia a lo largo de las páginas.
Con una mirada de mujer crítica, a veces irónica, paradójica, va dando visiones varias de la realidad tecnológica que nos rodea, desde el reconocimiento de que le encantan los ordenadores hasta la indicación de sus peligros, hiper vigilancia, uniformidad, brecha digital… Siempre desde la conciencia de que los lugares virtuales que creamos con las nuevas tecnologías están hechos a nuestra imagen y semejanza y tienen, por tanto, todo lo bueno y lo malo que nosotr@s mism@s somos.
“Circuito cerrado de vigilancia” es el tercer libro de esta artista multdidisciplinar y multipremiada en géneros diferentes (arte, cine, narrativa…), entre estos, el Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández de 2023 por su libro “Los trabajos de Hércules”.
He elegido dos de los poemas que más me gustan para hacer boca, pero lo mejor es comprar el libro, ¡¡¡ que la poesía no muerde !!!
CARMEN
A mi abuela
Mi abuela se llama Carmen
como la protagonista de la ópera y como
muchas mujeres de aquí,
donde hace tanto calor
Veíamos la televisión por la noche
se dibujó en la pantalla
un laberinto blanco y negro
escanee el QR para más información
-¿Qué es un QR?
-Una imagen que al escanearla con la cámara del móvil
te manda una página web
Eso dije
en vez de decir:
abuela, realmente
no lo sé
No quería ser pedante quería
que sintiese que podía ayudarla
que ella no sabía, pero yo sí y podía
dibujarle el mundo
Pero todas las palabras que uso para explicarle las cosas
son diferentes a las que nacieron con ella
Su luz y mi luz no significan lo mismo
Chocolate no es igual
para mí que lo tengo que para ella que
lo anhelaba
Mientras tanto, duerme mi abuelo
fascinado a los seis años cuando
un hombre trajo a su pueblo de posguerra
un gran bloque de hielo porque
-Cuando era pequeño el hielo
no existía
Llevaré conmigo hasta que me muera
la cara de mi abuela
cuando se giró para mirarme
insatisfecha por mi explicación
Cada vez entiendo menos cosas del mundo
Aunque yo actualizo mi sistema operativo con diligencia
puede que un día me canse
que enferme y no tenga fuerzas
para aprender otra cosa nueva
es posible
Yo también seré vieja y no entenderé las cosas
dependeré de la paciencia de los demás
en esta sociedad olvidada de la muerte
(los muertos no pagan
suscripciones mensuales a cosas no
cotizan no se van de vacaciones a
los resorts todo incluido no generan datos)
Cuando sea vieja recordaré
a mi abuela y a mi madre
rodeada de robots que sabrán cuidarme
pero no quererme
como ellas hacían.
...........................
NINA WILLIAMS
En los escenarios caían
copos de nieve píxeles sobre su escote desnudo
Imaginaba que tenía frío pero estaba orgullosa
como yo en la puerta de las discotecas en invierno o
cuando comía poco
Como mujer, Nina Williams ya estaría acostumbrada
a pesar del frío para conseguir algunas cosas
En las peleas en la nieve yo hacía que diese
muchas patadas para que
se calentase
Nina envejece en cada versión del Tekken
Algunos usuarios han recopilado su biografía
dicen que le gusta el té con leche y el whisky escocés
también escriben
que tiene cuarenta y cuatro años pero
su aspecto está congelado en los veintinueve
qué suerte, Nina Williams
Yo era gorda y en el colegio una compañera me pegaba patadas
Pero en casa de mis primas podía ser Nina Williams
podía elegir ser
otra cosa dar yo
las patadas
Feroz en su traje morado
morado pintura de feria de coche
morado como las manchas en mi cuerpo
de las que ella me hubiese salvado
Hubiese aprendido con ella tal vez a defenderme
Yo no sabía jugar al Tekken
apretaba todas las teclas a la vez
esperaba que pasase algo
aunque no pudiese comprender cómo ocurría
Siguen mis movimientos limitados
por distintas máquinas
(las cosas no han cambiado tanto)
Sobre todo, intacta en mí, permanece
la profunda envidia de su pelo rubio
cuando conseguía pulsar el misterio
las teclas
de su ataque más poderoso
y ella giraba,
invicta
Como se trata principalmente de un grupo especializado en jam session y su última cosa es su primera actuación de cabeza de cartel en el Madison Square Garden, aprovecho para presentaros a mi última vocación musical: Goose. Por cierto, batiendo el récord de concierto más largo de la historia del Madison: 4 horas 7 minutos 12 segundos. Agotador…
Como en todos los cambios de dígito anual traigo al blog un poema dedicado al suceso, en este caso de Octavio Paz (Ciudad de México 1914-1998).
Premio Nobel en 1990, su poesía puede gustar o no – yo reconozco no ser muy devoto – pero es siempre sugestiva y elegante.
Aunque se reconoce deudor de los poetas surrealistas, su obra fue derivando hacia un existencialismo muy personal, introspectivo, a menudo influido por misticismos varios, hinduista en sus últimos años.
Creo que el poema, del que he encontrado una curiosa versión escrita a mano y sin tachaduras por el propio Paz, es muy representativo de su estilo.
PRIMERO DE ENERO
Las puertas del año se abren,
como las del lenguaje,
hacia lo desconocido.
Anoche me dijiste:
mañana
habrá que trazar unos signos,
dibujar un paisaje, tejer una trama
sobre la doble página
del papel y del día.
Mañana habrá que inventar,
de nuevo,
la realidad de este mundo
Ya tarde abrí los ojos.
Por el segundo de un segundo
sentí lo que el azteca,
acechando
desde el peñón del promontorio,
por las rendijas de los horizontes,
el incierto regreso del tiempo.
No, el año había regresado.
Llenaba todo el cuarto
y casi lo palpaban mis miradas.
El tiempo, sin nuestra ayuda,
había puesto,
en un orden idéntico al de ayer,
casas en la calle vacía,
nieve sobre las casas,
silencio sobre la nieve.
Tú estabas a mi lado,
aún dormida.
El día te había inventado
pero tú no aceptabas todavía
tu invención en este día.
Quizás tampoco la mía.
Tú estabas en otro día.
Estabas a mi lado
y yo te veía, como nieve,
dormida entre las apariencias.
El tiempo sin nuestra ayuda,
inventa casas, calles, árboles,
mujeres dormidas.
Cuando abras los ojos
caminaremos, de nuevo,
entre las horas y sus invenciones
y al demorarnos en las apariencias
daremos fe del tiempo y sus conjugaciones.
Abriremos las puertas de este día,
entraremos en lo desconocido.
Buscando acompañamiento musical he encontrado esta preciosa versión de "La bruja", clásico que ha sido interpretado entre otras por Chavela Vargas o Lila Downs. En este caso es Natalia Lafourcade (Ciudad de Méjico - 1984), una de las grandes de la música mexicana actual, que lo hace con una ligereza que me ha recordado por momentos a la malograda Lhasa de Sela.
La inclusión de referencias musicales en la literatura es un clásico. Si además, como es el caso, el autor hace un guiño, se coloca en primera persona y te invita a acompañar el texto con la pieza que le parece apropiada, es obligado acercarte al ordenata y ver de qué va la incitación. Lo contrario sería amputar la obra tal como el autor la concibió.
En su exitosa “La península de las casas vacías”, novela río que transcurre a lo largo de Iberia y la guerra que enfrentó a sus vecinos, familias y generaciones, David Uclés (Úbeda 1990) propone el acercamiento a varias obras musicales. En la elección se nota un oído de gourmet propio de alguien que compone y toca varios instrumentos, selección que intentaré mostrar a lo largo de este blog.
En cuanto a la novela, sorprendente best seller, es muy original, para mí un plus, y aunque me parece algo irregular contiene páginas brillantísimas, de esas que invitan a releer.
Aquí su selección auditiva:
“3 Choruses from Tzar Feodor Ioannovich 2 Sacred love” de Gueorgi V. Sviridov
Además de dar nombre a un asteroide, Gueorgui Vasílievich Svirídov (Fatezh – Rusia/ 1915- 1998) es una de las grandes figuras de la música neorromántica y nacionalista rusa. Alumno de Shostakovich fue multipremiado por el régimen comunista y muy poco reconocido en occidente. En este caso utilizó la estructura de un texto litúrgico para apoyar la obra que Alexis Tolstoi, primo segundo de León, dedicó a un zar un tanto peculiar, Feodor Ioannovich.
He encontrado esta segunda parte, “Amor sagrado”, que algún crítico califica de “a la vez serena y patética”.
Jean Sibelius (Hämeenlinna – Finlandia/1865-1957) es el gran héroe de la música nacionalista finesa. Inicialmente concebida para cuarteto de cuerda, el “Andante festivo” fue convertido en obra orquestal porque el autor, aficionado a la radio, entendió la capacidad transmisora del medio y consideró más apropiada esa estructura. Leo que fue interpretada por primera vez en 1922, en el 25 aniversario de los aserraderos Säynätsalo, aunque luego se ha asociado a contenidos religiosos por su solemnidad.
He encontrado la retransmisión que de esta obra de gran belleza melódica hizo la Radio oficial de Finlandia en homenaje a la Exposición Universal de Nueva York el 1 de enero de 1939, nada más y nada menos que dirigida por el propio Sibelius, ya retirado y con 74 años de edad.
Aunque esta canción se atribuye equivocadamente a Goran Bregovic (Sarajevo 1950), porque le dio un toque renovado para la película “El tiempo de los gitanos”, de Emir Kusturica, se trata de tema popular que los romaníes balcánicos cantan desde hace siglos en la fiesta de la primavera.
Si bien en youtube se encuentran múltiples versiones, me quedo con la de la película por su belleza visual y ser una de las dos que propone Uclés.
György Ligeti (Dicsőszentmárton-Rumania/1923-2006) alcanzó fama mundial gracias a que esta parte de su “Requiem” fue utilizado por Stanley Kubrick en “2001 Odisea del espacio” en 1968. Judío de raíces húngaras, fue con su madre el único superviviente familiar del holocausto. Como víctima del desarraigo de húngaro errante y judío perseguido, cuando no era ni practicante ni creyente, Ligeti fue siempre un espíritu libre, algo que se aprecia en una música en continua búsqueda de la innovación.
Reconocido como creador del concepto de “micropolifonía”, consistente en la mezcla y acumulación de polifonías individuales, leo que trabajó hasta nueve meses en la creación de esta parte del Requiem, de apenas siete minutos. También que, estrenado por la Orquesta de la Radio Sueca en 1965, el director transmitió a Ligeti el terror de los componentes de orquesta y coro por la complejidad de su ejecución.
“Adagio del Concierto de Aranjuez” de Joaquín Rodrigo interpretado por Miles Davis
Este adagio de Joaquín Rodrigo (Sagunto 1901-1999) es posiblemente una de las piezas más reconocidas e interpretadas de la música española de todos los tiempos. Es además el punto de inflexión en la vida de Rodrigo, compositor ciego desde los tres años de edad, que la estrena en Barcelona en 1940, tras años de penuria vital y económica en un éxodo que le hace pasar por Alemania, Suiza y Francia.
Aunque especialmente creada para guitarra, instrumento al que Rodrigo dio especial relieve, he respetado la elección de Uclés, es decir, la interpretación que Miles Davis (Illinois 1926-1991), que decía de ella “que es tan fuerte que, cuanto más suave se toque, más fuerte se vuelve, y cuanto más fuerte se toque, más débil se vuelve”, hizo en su “Sketches of Spain” de 1959.
Ahora que está tan de moda la revisión del franquismo, convertido de pronto en un periodo en el que todo dios era libre y feliz, tenía piso y coche en propiedad, algo que solo empezó a darse en sus últimos estertores, vale la pena descubrir la crueldad con que se abrió paso al iniciar su singladura en 1939.
Uno de esos casos es el del dibujante gráfico Carlos Gómez Carrera (Madrid 1903-1940), alias Bluff. Ilustrador naif en sus comienzos, dedicados principalmente al cuento infantil, viñetista en los semanarios “Muchas gracias” y “Gutiérrez”, ficha por el periódico “La libertad”, considerada la publicación progresista de Juan March, hasta que éste la vende en 1934. Es en ese periodo, inmediatamente anterior a la sublevación fascista, cuando Bluff deriva hacia una creación más politizada, si bien siempre dentro de los límites del humor gráfico, sobre todo como uno de los colaboradores estrella de la revista “La Traca”, propiedad del editor republicano Vicent Miguel Carceller (Valencia 1890-1940).
La Traca, fundada en 1884, fue una revista valencianista y anticlerical por la que pasaron conocidos autores como Zamacois o Blasco Ibáñez. Según algunos historiadores la publicación llegó a tener una tirada de medio millón de ejemplares, con una distribución en catalán y castellano que alcanzaba toda la península.
En La Traca, un Bluff muy comprometido con la causa republicana convierte al depuesto Alfonso XIII y a Hitler y Mussolini en dianas principales de sus sátiras gráficas.
Tras el golpe militar de 1936 el dibujante se ceba en Franco, al que caricaturiza como un militar afeminado. Hay que pensar que en algunos ambientes africanistas éste era conocido con el alias de “la culona” y que la homofobia u homobroma también impregnaba entonces el imaginario “progresista”.
Detenido junto a Carceller nada más acabada la contienda, consigue inicialmente una redención de penas por trabajo penitenciario, pero su carácter siempre inquieto le incita a publicar una tira cómica en la revista del penal, cínicamente denominada “Redención”. Parece que la aparición de un fulano con el puño en alto y una estrella de cinco puntas en una de sus viñetas despierta la búsqueda de su pasado y remueve el afán de venganza de los franquistas, quizás del propio dictador, por la portada de La Traca.
El caso es que, tras un juicio sumarísimo, el 28 de Junio de 1.940 un camión recoge de la cárcel Modelo de Valencia a siete presos, entre ellos a Bluff y a Carceller con un destino conocido: el paredón del campo de tiro de Paterna, sito frente el Cementerio de la misma localidad, donde ambos serán fusilados y enterrados en una fosa común.
Carceller
Sería injusto cerrar este blog de homenaje a Gómez Carrera, pero también a Carceller, sin citar un hecho ejemplar. El caso es que nada más ser detenidos, los instructores franquistas se centran en conocer la identidad de otro de los colaboradores de La Traca, el que se esconde tras el seudónimo de Tramús o Marqués de Sade, dibujante especializado en temas eróticos. Pese a ser torturados durante días – a Carceller le obligan a comerse literalmente un ejemplar de la revista– no consiguen hacer que canten el nombre real de Tramús, que no es otro que el del ilustrador Enrique Pertegás (Valencia 1894-1962). Este no solo salvará su vida, sino que seguirá publicando, ahora ya cosas inocuas, como un famoso y reconocido tebeo de la época, “Silac, el hombre león”, hasta su fallecimiento en 1962.
En la época franquista las caricaturas las cargaba el diablo…
Creo que es la primera vez que traigo al blog a los Clash, así que valga este video basado en su "Spanish bombs" como desagravio.
Según estadísticas recientes la media de audición de las canciones en Spotify no llega a los 30 segundos. Es una muestra de lo mucho que ha cambiado el mundo de la audición musical desde los años sesenta y setenta del pasado siglo, cuando a los jóvenes muchas canciones nos parecían demasiado cortas.
Es evidente que el exceso de información produce ruido, la máxima de los teóricos de la comunicación, que en mi juventud confrontaban con el consumismo de la publicidad intrusiva pero que ahora se manifiesta en el petardeo de las redes, la multiplicidad de los canales y plataformas televisivas, los podcast, los medios tradicionales, los fakes, etcétera etcétera. Actualmente la información no necesita invadir ni agredir, está disponible a través de una polifonía de agentes, incluido el más clásico, la radio, y el consumidor es un ser que busca diversión, emoción, argumento, confrontación o consuelo compulsivamente.
Viene todo esto a raíz de que el blog llegó el mes pasado a las 100.000 visitas, algo impensable cuando empezó - tampoco era previsible que durará más de diez años - pero una nimiedad en la galaxia digital.
Ahora bien, situémonos. Un blog, este blog, es a X, antes Twitter, como la novela decimonónica al relato corto, en el caso de Tiktok como la superproducción de cinerama a un corto de Tom y Jerry o la Pantera Rosa. En el mío, su elaboración, lo digo con humildad, requiere un esfuerzo de documentación y un plus de redacción, porque uno no es Modiano ni Paco Umbral... Después está el lector, que si pertenece al grupo de amig@s y seguidor@s recibirá la nueva, y si es un@ desconocid@ aficionad@ a la poesía, la música, la arquitectura, podrá tropezar con él y descubrir algo que le llame la atención. Pero en ambos casos, si le apetece leerlo y oír la música que acompaña, deberá dedicarle esa atención durante varios minutos.
Tiktok es otro mundo. Juntas un par de fotos, varias frases molonas, a poder ser irónicas, mejor mordaces, y una música apropiada que la propia red te recomienda y en media hora te han visto 500 veces. Voy a confesar algo, el mes pasado superé, con mucho, las 100.000 visitas que el blog ha tardado doce años en conseguir. Pero hay más diferencias. Ese visitante que ve el mensaje mientras va a currar en el metro de alguna ciudad salvaje, te da un like y pasa pantalla e incluso, si tiene tiempo, una frase de apoyo o un exabrupto. Pero eso sí, no ha necesitado prestar demasiada atención. Esa es la razón de que a menudo piense que el trastorno por déficit de atención (TDH), una acepción relativamente reciente, es ya mayoritario en la actualidad, lo que para un bloguero esforzado como yo, qué decir de los novelistas, los músicos o los cineastas, es desilusionante.
En cualquier caso, bienvenidas sean estas primeras 100.000 visitas. Y felicidades a mis sufridos y “atentas” seguidor@s.
Se supone que Edu Requejo (Barcelona - 1997) pertenece a la generación más afectada por el TDH. Presentado por la crítica como artista multidisciplinar y ecléctico, yo le veo muy influenciado por los ritmos latinos. Música simple, a veces minimalista, me gusta. Aquí canta "Baghoo (ritmo tropical)", que engancha con la tradición de la salsa catalana.
UN POEMA DE GIL DE BIEDMA PARA EL DÍA DE LOS DIFUNTOS
La muerte ronda la poesía de Gil de Biedma (Barcelona 1929-1990), uno de los referentes de la generación de los cincuenta, fallecido de sida tras una vida muy marcada por su condición homosexual en un país aún pacato y represivo.
Poeta que ya ha aparecido en el blog hasta tres veces, una como protagonista, mi primera intención era reproducir su poema ad hoc, "El día de difuntos", que narra una visita al cementerio civil de Madrid, pero me ha parecido más sugerente usar su auto-obituario, creo que de más calidad, "Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma", que dice tal que así:
DESPUÉS DE LA MUERTE DE JAIME GIL DE BIEDMA
En el jardín, leyendo,
la sombra de la casa me oscurece las páginas
y el frío repentino de final de agosto
hace que piense en ti.
El jardín y la casa cercana
donde pían los pájaros en las enredaderas,
una tarde de agosto, cuando va a oscurecer
y se tiene aún el libro en la mano,
eran, me acuerdo, símbolo tuyo de la muerte.
Ojalá en el infierno
de tus últimos días te diera esta visión
un poco de dulzura, aunque no lo creo.
En paz al fin conmigo,
puedo ya recordarte
no en las horas horribles, sino aquí
en el verano del año pasado,
cuando agolpadamente
-tantos meses borradas-
regresan las imágenes felices
traídas por tu imagen de la muerte…
Agosto en el jardín, a pleno día.
Vasos de vino blanco
dejados en la hierba, cerca de la piscina,
calor bajo los árboles. Y voces
que gritan nombres.
Ángel,
Juan, María Rosa, Marcelino, Joaquina
-Joaquina de pechitos de manzana.
Tú volvías riendo del teléfono
anunciando más gente que venía:
te recuerdo correr,
la apagada explosión de tu cuerpo en el agua.
Y las noches también de libertad completa
en la casa espaciosa, toda para nosotros
lo mismo que un convento abandonado,
y la nostalgia de puertas secretas,
aquel correr por las habitaciones,
buscar en los armarios
y divertirse en la alternancia
de desnudo y disfraz, dsempolvando
batines, botas altas y calzones,
arbitrarias escenas,
viejos sueños eróticos de nuestra adolescencia,
muchacho solitario.
Te acuerdas de Carmina,
de la gorda Carmina subiendo la escalera
con el culo en pompa
y llevando en la mano un candelabro?
Fue un verano feliz.
…El último verano
de nuestra juventud, dijiste a Juan
en Barcelona al regresar
nostálgicos,
y tenías razón. Luego vino el invierno,
el infierno de meses
y meses de agonía
y la noche final de pastillas y alcohol
y vómito en la alfombra.
Yo me salvé escribiendo
después de la muerte de Jaime Gil de Biedma.
De los dos, eras tú quien mejor escribía.
Ahora sé hasta qué punto tuyos eran
el deseo de ensueño y la ironía,
la sordina romántica que late en los poemas
míos que yo prefiero, por ejemplo en Pandémica…
A veces me pregunto
cómo será sin ti mi poesía.
Aunque acaso fui yo quien te enseñó.
Quien te enseñó a vengarte de mis sueños,
por cobardía, corrompiéndolos.
Hacía tiempo que quería traer esta canción y creo que esta vez es oportuno, porque también habla de un desdoblamiento, el de la imagen que damos y la imagen con que nos ven. La bellísima y danzarina "Katamalo", del grupo del mismo nombre.
La muertedel maliense Moussa Dembele (nada que ver con el balón de oro 2025) en el derrumbe de un edificio de Madrid es el final cruel de un itinerario que retrata una parte importante de nuestra realidad.
La primera etapa empieza en Mali, un país en guerradesde 2012, y acaba en las Islas Canarias, donde Moussa llega como uno más de los 46.843 emigrantes que lo hicieron en cayuco en 2024.
Tras algo más de un año en una situación irregular que la extrema derecha asocia a la delincuencia y a una invasión delirante, Moussa tuvo un golpe de suerte. Consiguió el status de asilado de guerra y obtuvo una tarjeta de residencia de larga duración, algo inusual, no solo porque a finales de ese año había 242.000 personas esperando que se resolviera su solicitud, sino porque la mitad tuvieron respuesta negativa.
En el caso de los malienses, uno de los contingentes de emigración que más ha crecido en los últimos años, hasta convertirse en mayoritario, está más que motivado, porque Mali es un avispero con tres fuerzas beligerantes y un cruce de intereses políticos y económicos ajenos: rusos, turcos, noruegos, británicos, principalmente franceses…
Moussa pasa por dos centros para inmigrantes y de protección internacional de asilados en Carabanchel y Almería y, ya con papeles, se instala en Madrid y encuentra trabajo con la ayuda de varios compatriotas. ¿Dónde? En una empresa de construcción, sector con cerca de un 25% de trabajadores extranjeros y dificultad en encontrar a profesionales especialistas.
En este caso se trataba de una empresa subcontratada, Anka Demoliciones, especializada en una actividad, la de la demolición, que por su dificultad requiere formación específica. Según los primeros informes el derrumbe pudo deberse a la excesiva acumulación de materiales, es decir, de peso, en una de las zonas del edificio. Aunque la empresa presume de una experiencia que se remonta a su fundación familiar en 1987, otra cosa es la de sus trabajadores. Según compañeros, obreros de la construcción, la demolición es un trabajo muy duro y peligroso, se hace principalmente a pico, y a falta de especialistas, las empresas usan a peones o ayudantes no preparados por salarios muy bajos. Moussa cobraba 1.100 euros al mes.
Como el accidente que acabó con la vida de una trabajadora española, un ecuatoriano y un guineano, además de la del maliense - una imagen gráfica del “multiculturalismo” laboral - está siendo investigado, hasta aquí las alusiones al mismo, pero ¿para qué y por qué se demolía el edificio? El inmueble derrumbado, en un solar de 1.070 metros cuadrados, está en la calle de las Hileras, perpendicular a la de Arenal, calle que quienes tenemos una edad asociaremos a dos juegos de la época, el palé y el monopoly. Situado a apenas tres manzanas de la Plaza Mayor era una perita en dulce en un entorno madrileño especulativo que expulsa al vecino de toda la vida - la media del alquiler en Madrid capital es de 1.500 euros - y lo sustituye por un turista.
Para situarnos: según datos oficiales en Madrid capital hay 810 hoteles con 94.000 plazas, a las que hay que sumar las 160.000 que ofertan los 16.000 pisos turísticos que aparecen en las plataformas, los 1.131 que tienen licencia, o los 48.000 que, según estimaciones, se dedican a ello. Resumiendo, solo el 7% o el 2,35% de estos pisos turísticos son legales.
El proyecto de hotel en la página web de Caler Advisory..
Pues bien, la perita en dulce es comprada a principios de 2022 por la empresa RSR Singular Assets Europe Socimi, una sociedad en la que participan como máximos accionistas un saudí, un luxemburgués, ambos conocidos en los ambientes de la especulación inmobiliaria, y dos españoles de apellido noble, los hermanos Alvaro y Carmen Escrivá de Romaní. Esta última es CEO de la empresa gestora, Caler Advisory and Asset Management, que pone sobre la mesa 24,5 millones, cambia la licencia de actividad de uso de oficinas a hospedaje en diciembre de 2024 con el beneplácito de la alcaldía, e inicia la obras de rehabilitación para convertirlo en un hotel de lujo, las que, en un accidente todavía investigado, acaban con la vida de l@s cuatro trabajador@s.
Con el ingrediente añadido de la socimi,un modelo de inversión de gran éxito en los ámbitos inmobiliarios porque no paga impuesto de sociedades a cambio de condiciones asequibles, el itinerario de Moussa hasta su muerte es una relación endiablada del mundo que nos rodea: guerra colonial, emigración salvaje, situación irregular, malas condiciones de trabajo, accidente con sospechas de falta de medidas de seguridad, especulación inmobiliaria, pisos ilegales, inversión extranjera, turistificación, encarecimiento de la vivienda…
Ali Farka Touré y Toumani Diabate, este especialmente conocido por un disco legendario, el que grabó con Ketama en 1988, fueron dos de los grandes músicos malienses de todos los tiempos. Antes de su fallecimiento en 2006 y 2024 dejaron preciosidades como esta "Kala Djula", que por lo que he podido averiguar significa algo relacionado con la palabra "abrir" en lengua wólof.
Mi abuelo me solía decir que sin su tío Pancri, Kid Banana, nuestra familia hubiera sido anodina. Creo que usaba ese adjetivo poco común porque lo normal era preguntar de inmediato por la rareza de su uso y significado. Además añadía datos que creía o pretendía lo confirmaran.
No tenemos un contrabandista, un futbolista, un ministro o un asesino en serie que meter en el árbol genealógico - decía con cierta sorna - Los bisabuelos labradores, los abuelos albañiles, los hijos abogados y los nietos vagos de remate.
Entre esos nietos sin futuro estaba yo, que cerca de los treinta años apenas acumulaba tres de trabajo. Sin embargo mi abuelo me defendía en los pleitos familiares porque, decía, es el único que ha sacado los pies del tiesto. Todo porque sabía de mi afición y mis pinitos con el dibujo.
Este acabará triunfando, como Picasso - le decía a mi padre cuando este se quejaba de que yo siempre estaba en babia o pintarrajeado con lápices o acuarelas.
El había sido albañil y luego jefe de obra, pero también un lector ferviente que llegó a acuñar una biblioteca más que modesta. En cuanto a Kid Banana, el supuesto alias boxístico del tío Pancri, vio como su entidad corpórea se deshacía en polvo y ceniza cuando murió el abuelo. He aquí la realidad.
Hace algo más de un año, en unos de mis contados viajes a la capital, pasé por el gimnasio Galiana, auténtica catedral del boxeo dedicada a un grande, Fred, a quien en su tiempo llamaban el torero del ring. Según mi abuelo, que me había hablado una y otra vez de aquel gladiador, al que se asociaba con el arte de cúchares por los desplantes que dedicaba a sus contrincantes, allí se había forjado la figura pugilística del tío Pancri, de modo que entré con la intención de saber si aún quedaba alguien que hubiera compartido cuadrilátero con él.
¿Kid Banana? No he oído ese nombre en mi vida - me contestó el dueño del gimnasio - y te juro que no hay boxeador mínimamente bueno al que no conozca.
Eso me descolocó tanto que nada más salir de allí busqué en internet. En la nube virtual solo aparecían dos Kid Banana. Un rapero hondureño y un antiguo boxeador argentino, ya fallecido. Nadie más.
Desconcertado por el resultado negativo de mis pesquisas, consciente de que el argentino, Claudio Bechini en la vida civil, nada tenía que ver con el tío Pancri, llamé a mi madre para preguntarle por el tío-bisabuelo y ella me confesó que no le conoció.
Murió muy joven - me dijo.
Era boxeador ¿no? - le pregunté.
Qué va. No le dio tiempo. Si debió morir con quince o dieciséis años ...
Este dato me dejó definitivamente ko, nunca mejor dicho, porque mi abuelo me había contado las proezas de un púgil que, según decía, había llegado a boxear en el Luna Park de Buenos Aires, el personaje familiar que, a base de mamporrazos, nos había librado del anonimato.
Durante semanas contacté con familiares a los que había perdido de vista hacía años. Se extrañaban de que les preguntara por alguien al que, o bien no recordaban o del que apenas habían oído hablar. Me echaban en cara mi desapego familiar, me preguntaban por mis padres y prometían echarme una mano si descubrían algo relacionado con el tío Pancri. En cuanto a Kid Banana a solo a uno de mis primos sonaba nombre y dedicación.
En pocos meses comprendí que los combates ganados por ko a lo largo de toda España, las peleas encarnizadas con un púgil irlandés y otro nigeriano en el Gran Price de Barcelona, el intento de amaño de un combate que acabó con su periplo americano y una vida privada que le permitió codearse con vedettes y actrices de la época eran fruto de la inventiva del abuelo y de su ahínco por superar la grisura colectiva que creía rodearle.
Los días se dividen en agónicos y apacibles, decía mi abuelo cuando salía de casa a hacer kilómetros, pues así hablaba de sus paseos. Murió sin agonía un día apacible del otoño de hace tres años, veintidós grados y un aire que mezclaba la sombra de los abedules con una brisa que parecía venida de un mediterráneo a casi quinientos kilómetros de distancia, así que no pudo asistir a la presentación, ni saber que le había dedicado mi primer comic, "Kid Banana", la biografía apócrifa del tío Pancri que, espero, siga salvando a nuestra familia de una vida anodina.
Tras el último golpe vio el cuello del chaval doblado como el de un muñeco y sus ojos oscuros mirando al infinito. Antes se había oído gritar a sí mismo, ¡Maldito moro!, y el sonido a nuez cascada de la bola en el cráneo del muchacho.
Sus padres le regalaron su primer juego de petanca el verano de 1978, cuando fueron a Narbonne a ver a un amigo de la familia que había recalado allí. Recuerda con precisión aquel verano pese a que solo tenía cinco años porque fue la primera y última vez que vio a aquel hombre, alguien del que la familia hablaba con un raro remilgo, solo porque compartía vivienda con una persona del mismo sexo. Cuando recordaba aquellas imágenes en un sepia absurdo, también oía la música que su padre asignaba a la ciudad, la que Charles Trenet, vecino de la villa y amigo de aquella extraña pareja había compuesto yendo en tren camino de la costa. Una canción que decía así: La mer, qu′on voit danser le long des golfes clairs a des reflets d'argent. La mer, des reflets changeants sous la pluie.(*)
En cuanto al regalo, era un juego de plástico con agarradera que contenía ocho bolas del mismo material con los colores del parchís y un pequeño boliche blanco.
Ahora bajaba una vez a la semana a unas pistas cercanas al club náutico con un compañero de trabajo. Jugaban media docena de partidas con bolas metálicas a 100 euros la esfera y se tomaban un par de jarras de tinto de verano en la única taberna vieja que quedaba en la zona del puerto
Por los alrededores pululaban grupos de adolescentes, principalmente magrebíes. Algunos jugaban a voleiplaya, hacían ejercicio, también fumaban porros, bromeaban o se metían con las chicas de su edad. Entre ese grupo de chavales había algún que otro descuidero, práctica de toda la vida en lugares concurridos. Se apostaban en el murete que daba a la playa y cuando veían alguna presa fácil saltaban a la arena y en el momento más propicio se llevaban un móvil, un monedero o un reloj y salían pitando.
Él tenía un puntito violento, no cabe duda. No le gustaba perder ni tampoco las bromas porque le parecía que le tomaban el pelo, así que tenía un historial de pequeñas broncas y media docena de puntos en una ceja. Esa tarde estaba caliente. Su pareja de petanca no había tenido su día y estaba quemadete, de modo que cuando vio a los dos chavales corriendo y a una mujer gritando que la habían robado no se lo pensó, cogió una bola y se fue tras ellos. Uno de los chicos tuvo la mala suerte de tropezar y caer al suelo, porque su perseguidor se le echó encima, le empezó a golpear con la bola metálica y no paró hasta que oyó el crujido del cráneo y se dio cuenta de que estaba muerto.
(*) ”El mar, que danza a lo largo de los golfos cristalinos tiene reflejos de plata. El mar, con reflejos cambiantes bajo la lluvia”.
(“Tonight the streets are ours” de Richard Hawley)
Sigo a Richard Hawley (Sheffield 1967) desde que le conocí tras su abandono del grupo Pulp y empezó a destilar discos estupendos, llenos de melodías que no tienen fecha. Ayuda a ello su voz de crooner intemporal y composiciones que, pese a seguir una línea fácilmente reconocible, nunca defraudan. Muchas de esas canciones, a veces vitales, a veces melancólicas, tienen la capacidad de acompañar, algo fundamental en todo artista que quiera mantenerse a lo largo del tiempo.
Dos de sus canciones, pertenecientes a “Lady´s Bridge” (2007), su quinto LP, que pese a no estar considerado el mejor de su discografía es mi preferido, me han rondado este verano. He elegido una de ellas, “Tonight the streets are ours” (“Esta noche las calles son nuestras”) porque tiene un aire de himno esperanzado, ideal para cerrar el verano y acompañar las fotos orduñesas de estos meses, este año a todo color.