LA BANALIDAD DEL BIEN
"Tengo 19 años. No fumo, no bebo, no me drogo, no salgo de fiesta. No hago nada a raíz de lo que no sea dios, familia, negocios." (Ramón González - 19 años - 633.000 likes en TikTok)
“¿Cómo puedo tener buena conciencia si no tengo conciencia de nada?” (Manuscritos económicos y filosóficos – Karl Marx)
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| Palpable alegría en el concierto de Hakuna |
En un proceso de embrutecimiento de la geopolítica y la doméstico-política por el capitalismo en crisis, las cortapisas sobran. No interesan superestructuras ideológicas, sea en forma de moral, religión, derechos humanos, que mitiguen la brutalidad del poder, del mal. Pero esa regresión no se puede hacer de un plumazo. No es posible reclamarse portaestandarte de los valores cristianos o ilustradores de occidente y actuar como un troglodita antropófago. Es necesaria una etapa de confusión, de medias tintas, lo que, revirtiendo la formulación de Hannah Arendt, me atrevo a llamar “banalización del bien”.
La banalización del bien es una deconstrucción, el desarme de lo que los humanos creíamos haber edificado durante siglos para intentar convivir en condiciones mínimas. Cierto que en todo este tiempo ha sido más un deseo, una utopía, un objetivo, que una realidad, pero servía tanto para que una parte del mundo creyera en que se podía avanzar, como para que los poderosos nos hicieran creer de que era así, pero por lo menos, y por momentos, servía de contrapeso a la arbitrariedad que todo poder supone.
En nuestro ámbito ético-cultural, el que va desde la "Ética Nicomaquea" a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pasando por el derecho romano, el evangelio de Mateo, Montesquieu (dejo aparte el Manifiesto Comunista no vaya a ser que me acusen de rojo), se trata, creo, de un proceso de postergación de lo humano. En términos puramente cristianos, los que abordo al principio del blog, del abandono de Jesús y la revitalización del dios bíblico. El yo espiritual da la espalda al hombre y se refugia en lo inexplicable, donde se especula y decide lo que es belleza, perfección, virtud, porque aquel, el hombre, es fealdad, imperfección, pecado, y solo aporta conflicto e inseguridad.
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| Mientras en Gaza... |
“La banalidad del bien” narcotiza a la sociedad, juega como nunca el papel de opio del pueblo y deja el camino libre a la injusticia y la arbitrariedad del poder. Criticar un acto tan “guay” como el protagonizado por Hakuna en festividad tan señalada, considerar que las letras del último disco de Rosalía son fruto de una mala digestión de textos religiosos y al mismo tiempo reivindicar algo tan revolucionario como son las obras de misericordia es ser un puto radical que no entiende que la bondad está en dios, nunca en los hombres, y que no podemos ni debemos oponernos a su voluntad, aunque esta sea el dolor, el hambre, la crueldad.
Cuando el supuesto "bien" es tan banal, acrítico, asocial, indiferente, el mal, es decir, la cultura del genocidio, el fascismo, el neocolonialismo, desde luego el negocio del que habla el chico de Tiktok de la cita inicial, tienen alfombra roja, porque una parte de la humanidad, sobre todo si pertenece al primer mundo, está a otra cosa.
Pese a la moda nada nuevo bajo el sol, manque nos pese. A fin de cuentas, dios, no sé si la familia, pero desde luego el negocio siempre estuvieron con ellos…
A sus 86 años Mavis Staples (Chicago 1939) ha grabado un hermoso disco de versiones. Entre ellas he elegido la que hace de "Beautiful strangers", canción que Kevin Morby (Lubbok-Texas 1988) dedicó a las víctimas de los atentados islamistas de Orlando y París en 2016, y al asesinato de un joven negro, Freddy Gray, a manos de la policía en Baltimore el año anterior. La canción viene al dedo del tema porque, Morby, autor que se define como "espiritual, no religioso", mezcla elementos de crítica a la violencia política con citas y latiguillos cristianos. He encontrado esta grabación de octubre pasado de la Staples con el propio Morby, Nathaniel Rateliff y the Night Sweats


















