“Parece ser que Voltaire dijo que no hubiera habido noche de San Bartolomé si el rey no hubiera estado estreñido… El hecho es que la noche de San Bartolomé es uno de esos sucesos vitales que ocurre de un modo inevitable por las eternas leyes de las características de la humanidad: asesinar en su sociedad la cantidad de gente que sobra y ajustar a esta masacre las pasiones que la apoyan.”
(Guerra y paz – Lev Tolstói)
Fotograma de la versión rusa de Guerra y paz
Es posible que Tolstoi (Tula-Rusia 1828-1910) tuviera en la cabeza al escribir esta cita de “Guerra y paz” que él mismo empezó a publicarla en fascículos a raíz de un hecho también accidental, no un estreñimiento sino la convalecencia tras la caída de un caballo, un momento parecido al que usa para burlarse de Napoleón en una de las secuencias más ácidas y grotescas de la novela.
Sea o no así, la cita es de apabullante actualidad si únicamente cambiamos el rango del protagonista principal y el momento o lugar del retrete. El furor producido por el estreñimiento, es decir, la crueldad con la que un todopoderoso puede operar por la incomodidad intestinal y las pasiones no menos fecales de quienes son capaces de apoyar la masacre siguen intactas.
Para seguir con las citas, Swift decía algo así como que el humor y la sátira eran la revancha de los oprimidos, y bien que lo demostró a lo largo de su obra. En las sociedades opulentas, la única manera de que el café con leche matinal no se nos agrie mientras escuchamos las noticias es repasar los memes del día, la burla a la que diariamente se somete a los poderosos. Conocedores de que se trata del paliativo que acompaña a la amargura, ellos mismos nos permiten hacerlo a través de sus redes, salvo que los algoritmos determinen que la cosa se escapa a su control. Entonces simplemente te echarán de ellas porque no “respetas” las normas del sistema.
En Sudán...
Imagino que el humor, la risa, qué decir de la felicidad ya no existen en Sudán, donde ahora mismo hay miles de bebés de menos de dos años arrastrándose por caminos polvorientos en busca de algo de comida, agua o cobijo. Tampoco las supongo en Gaza, aunque a veces vea videos de niños jugando entre los escombros, ni por supuesto que en el Líbano, Ukrania o Irán. También parecen menguar en el mismo Israel, porque el ataque a la población civil no tiene exclusividad ni copyright.
Lo brutal, lo vergonzoso es que el intestino siga dominando a la masa cerebral y el corazón en una bola de magma, tierra y agua en la que, según Oxfam, el patrimonio del 1% de la población más rica puede acabar hasta seis veces con la pobreza con el chasquido de sus dedos. Porque aunque las guerras se vistan de conflicto religioso y de a ver qué dios la tiene más larga, el trasfondo siempre es el mismo: el reparto mundial, continental, nacional, regional, ciudadano, barrial de la riqueza.
Para acabar con las citas: decía Theodor Adorno que después de Auschwitz escribir poesía era un acto de barbarie. Con lo listo que era, pareciera que la historia del estreñimiento y sus apasionados seguidores hubiera empezado en los años cuarenta del siglo XX, y que los judíos fueran las víctimas únicas o principales de los genocidios. Seguramente no había leído “Guerra y paz” ni tenía ni idea de los avatares del tracto gastrointestinal...
Tras todo esto también parece impúdico acabar con música, pero como esta siempre es un consuelo, una de las referencias musicales de "Guerra y paz" es esta Sonata Opus 34 número 1 de J.L. Dussek (Càslav-Chequia 1760-1812). A Adorno, compositor además de filósofo, lo dejaremos para más adelante
“No soy nadie. He escrito mucho pero no queda nada.”
(Pepín Bello, “escritor
ágrafo” de la Generación del 27)
Mural con su rostro en una calle de Moscú
Se conoce como “genios de cajón” a personas de alta capacidad malogradas por motivos diversos. Creadores en distintas disciplinas, muchos o la totalidad de sus proyectos acabaron abandonados en el cajón de la historia, sea por inseguridad, perfeccionismo obsesivo, limitaciones del sistema o el coste, atrevimiento y magnitud de sus propuestas.
Ayudado por la IA he sabido que el pintor Gerhard Richter quemó su obra de juventud porque no se reconocía en ella, que Gogol hizo otro tanto con la segunda parte de “Almas muertas”, su obra cumbre, o que muchas mujeres, como Zora Neale, antropóloga, la compositora Fanny Mendelssohn o la misma Marie Curie permanecieron silenciadas o eclipsadas por su condición de mujeres.
En la línea de los genios de cajón, hace años leí el estupendo ensayo/recopilación “Bartleby y compañía”, que Enrique Vila-Matas dedicó a la "literatura del NO", el parnaso de los escritores que escribieron o publicaron poco o nada, entre ellos Pepín Bello, cuya cita corona el blog.
El caso de Ivan Leonidov (Vlassika-Rusia 1902-1958) contiene ingredientes varios. Lo primordial es una materia prima incontestable: la genialidad. Unido a un entorno en principio favorable a la vanguardia, la revolución socialista, Leonidov cree que cualquier idea, por muy atrevida que sea, tiene cabida en el nuevo mundo. Craso error.
Las ideas nuevas son tremendamente vulnerables, porque en todo proceso revolucionario se sabe lo que no se quiere, pero el conflicto empieza al abordar lo que debe sustituirlo.
Escarbando en lo que sabemos de su vida pública descubrimos otra de sus características, a saber, que Leonidov era un optimista “enfermizo”. En sus 56 años de vida no dejó ya de idear, sino de presentar sus proyectos a cuanto concurso se convocara: Instituto Lenin, monumento a Cristóbal Colón en Santo Domingo, Centrosoyuz, Magnitogorsk, Palacio de la cultura del barrio Proletarski en Moscú, Club del kombinat del diario Pravda, casa del Comisariado del pueblo para la industria pesada, Kliutchiki en Nijni Taguil, campamento Bolshoi Artek , sanatorio del NKTP en Kislovodsk, kombinat del diario Izvestia en Moscú, Monumento a los héroes de Perekop, proyecto de Circo en Stalingrado, Monumento a la Victoria y del primer Satélite artificial de la Tierra, este ya dos años antes de su muerte.
Con semejante historial, un equivalente al de los concursantes contemporáneos que igual compiten en Saber y Ganar que en Pasapalabra, no parece exagerado calificar a Leonidov de optimista enfermizo, porque de todos estos proyectos, seguramente mal pagados, solo consiguió ver construida la impresionante escalera de acceso al sanatorio de Kislovodsk, que en las fotos que acompaño parece la transcripción arquitectónica de un dibujo de otro genio, M.C.Escher. El resto fue al cajón que da título al blog.
Es cierto que el ostracismo a que fue relegado a lo largo de su vida profesional se debió en parte a su heterodoxia constructivista frente a la solemnidad impostada del urbanismo soviético, pero también al hecho de que sus diseños fueran visionarios, ya que ni siquiera existían recursos técnicos que permitieran llevarlos a cabo.
Más allá de ese cierto idealismo estético, tan poco pragmático, Leonidov es todavía un modelo reconocido profesionalmente de interconexión entre arquitectura, naturaleza, cultura y sociedad, algo que también intentó desarrollar en sus últimos años de vida, empeñado en algo tan sumamente alejado de la realidad como el proyecto de Ciudad del Sol, un hábitat diseñado para que sus vecinos alcanzaran nada menos que la FELICIDAD.
Es de recibo culminar esta entrada con una de las antes nombradas "genias de cajón", Fanny Mendelssohn (Berlín 1805-1847), la hermana escondida de Félix. El padre de ambos había sentenciado que el hermano podía hacer de la música su profesión, pero en el caso de Fanny que esta era solo un "adorno". Semejante veredicto asignó injustamente varias obras de Fanny a su hermano Félix, entre ellas esta "Sonata de Pascua".
Tratándose de un hecho aparentemente tan trivial, la prohibición de jugar al bingo en un centro de mayores de mi barrio es una espléndida metáfora del mundo que acontece.
Foto de El Correo
Pues bien, hace unos días tres ertzainas de uniforme se personaron en el local en pleno bingo y comunicaron a los usuarios y usuarias que estaba prohibido echar la partida con dinero (20 céntimos el cartón en este caso), y que si lo hacían podían enfrentarse a multas de hasta ¡¡60.000 euros!!.
Por lo que he sabido y se ha publicado la denuncia fue hecha, ¡¡línea!!, por una sala de apuestas privada y cercana, con más de treinta años de existencia. También me comentan que el bingo “clandestino”, el de los jubiletas, cumple los requisitos de buenas prácticas: no supera las cuantías de dinero establecido (50 céntimos el cartón), no tiene ánimo de lucro (se reparte o usa para fines colectivos) y según me dicen el permiso fue solicitado años ha, sin que el gobierno vasco contestara ni sí ni no sino todo lo contrario.
Con indicios de su existencia desde el siglo XVI, se dice que su nombre y popularización se debe al juguetero Edwin Lowe, que lo vio practicar con frijoles (frijol-bean en inglés) a un grupo de lugareños en 1929.
Lo cierto es que, quizás por su simplicidad y carácter colectivo, el bingo es la lotería de los pobres, una socialización barata del riesgo del azar, no me gusta mucho llamarle juego, aunque en este caso, el de los frijoles o los céntimos tenga más de eso que de otra cosa.
El bingo siempre se ha jugado en las casas. Era una forma de pasar el rato a cambio de unas habichuelas o garbanzos las tardes de domingo. Si se practicaba con dinero era normalmente con cantidades domésticas, irrisorias.
Su salto social se produce con la legalización del juego de apuestas, desde luego, pero en el caso del bingo su arraigo popular tiene características especiales. Se desarrolla exponencialmente entre las clases populares, más entre las personas mayores y principalmente entre las mujeres. Se puede hablar sin temor a errar de que se trata de una actividad lúdica muy feminizada.
Me explico. El hombre siempre ha jugado. Aún en épocas de prohibición el macho ocupaba las mesas de las tabernas y combinaba la copa de licor y el tabaco con duras partidas de cartas, dados o dominó, donde se blasfemaba, se apostaba dinero y a veces hasta el futuro. El bingo casero solo salta de la casa a la calle con los primeros atisbos de democratización colectiva, con la aparición de los centros de mayores y de los programas de turismo social, e irrumpe, como anticipaba, como una forma de juego feminizado, más plural y menos oneroso y competitivo que el propiamente masculino. Según defienden los colectivos y asociaciones de mayores el bingo comporta también entrenamiento cognitivo, memoria, atención, reflejos, uso de la tabla numérica…
Ni soy jugador de bingo ni socio del centro de mayores, que sí lo soy, me refiero a mayor, pero me siento solidario de mis coetáneos represaliados, porque la noticia contiene rasgos de guión de Rafael Azcona y película de Martínez Soria: el malvado, un negocio privado de apuestas; la policía de toda la vida entre pobres abueletes; la prohibición de una actividad inofensiva con amenaza de multa; alarma y rebelión popular…
Vuelve la caspa.
Como enfermedad y muerte son un cartón de bingo que estamos destinados a rellenar y quería volver a traer a Kevin Morby al blog, he elegido este enigmático videoclip, con una canción que suena, como parte de su obra, a una combinación curiosa entre Lou Reed y Leonard Cohen, en este caso con toques fronterizos de viento: “I have been to the mountain”
“Quienes no somos creyentes no sabemos cómo será el paraíso y ni siquiera si existe, pero a mí me gusta pensar que se parecerá a este lugar” (Pedro Torrijos – “La pirámide del fin del mundo”)
Quizás sea el cirio narco que se ha montado en aquellas latitudes o el hecho de haber estado oyendo últimamente a más de una cantante mejicana, pero estos días me he acordado de la casa Gilardi, un lugar que ni conozco ni conoceré físicamente, pero que descubrí y he observado a través de las redes gracias al libro de Pedro Torrijos del que extraigo la cita inicial y hablé en otra ocasión (https://charlievedella.blogspot.com/2024/09/arte-thomasson.html).
Construida en 1976 por el arquitecto Luis Barragán (Guadalajara-México 1902-1988), la primera pregunta que asalta tras la contemplación de los varios espacios de la Casa Gilardi es si puede considerarse como lo que se entiende por casa, “edificio para habitar” según la RAE, o se trata más bien de otra cosa, una obra creativa que tiene más en cuenta la combinación de formas, luces y colores que a los humanos que van a habitarla.
Llama la atención que Barragán fuese en cierto periodo de su vida un seguidor de las escuelas funcionalistas, pero el caso es que en ese momento el arquitecto ya está de vuelta. De hecho, acoge el proyecto que le encarga Francisco Gilardi (Santander-España 1905-1996) cuando empieza a notar primeros síntomas de parkinson, asumiendo el riesgo de diseñar una vivienda en una superficie estrecha (10x36 mts.), entre muros medianeros, y debiendo atender a dos caprichosas imposiciones de Gilardi: respetar la jacaranda del jardín e incorporar una piscina.
Aunque aún no ha obtenido el premio Pritzker, algo así como el nobel de arquitectura (lo hará en 1980), Barragán está en la cresta de la ola. Ese mismo año el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedica una exposición monográfica y obtiene el Premio Nacional de Arquitectura de su país. Eso le permite trabajar a su gusto, salvo en lo que se refiere a los caprichos del propietario, convirtiendo el edificio en el conjunto de luces, proporciones y colores del que hablaba en la introducción, una obra de arte de una belleza paradisíaca, sin duda, pero una vivienda en la que imagino a los moradores más preocupados por la buena conservación de la pintura de los muros, el estado de la piscina y la salud de la jacaranda que de su propio confort.
Y es que vivir en un Velázquez, un Oteiza o un Ana María Matute tiene que ser como mínimo complicado.
Una de las cantantes mejicanas que me acompañan últimamente es Silvana Estrada (Xalapa, Veracruz, México - 1997), que se reconoce devota de la candorosa y malograda Lahsa de Sela (https://charlievedella.blogspot.com/2013/05/lhasa-de-sela-la-cantante-lhasa-de-sela.html). He elegido "Como un pájaro" por la bella simplicidad de canción y video, el despliegue de voz, y una especialidad que he evocado alguna vez, el uso del silbido.
El universo pictórico de Georg Baselitz (Kamenz – Alemania 1938) puede gustar o no, pero es de esas obras que por su intencionalidad y capacidad persuasiva hacen que nadie pueda permanecer indiferente a su contemplación.
Ubicado principalmente, creo que con acierto, en el expresionismo de larga tradición alemana, debo reconocer que le he conocido a raíz de su exposición en el Museo Bellas Artes de Bilbao y también que, pese a un indudable valor comunicativo que afecta e incomoda, me parece un tanto repetitivo.
Lo traigo aquí por tanto no ya por su valor pictórico, que también, sino por algo que me ha conmovido: la tenacidad para seguir creando a pesar de su edad y problemas de movilidad.
En un momento en el que la creación también peligra por razones ideológicas, la insistencia casi heroica por seguir un impulso vital tan humano y primario como lo pueden ser la envidia, la empatía, el odio o el deseo, es esperanzador.
Para reflejar esta reflexión, nada mejor que transcribir el bello texto que Bernard Blistène (Francia 1955) ha dedicado a los últimos cuadros de la exposición que cuelga en el Bellas Artes.
“En marzo de ese año de 2024, lo visité en un estudio en el lago Ammer y lo encontré en una silla de ruedas de la que su asistente tiraba con una cuerda a lo largo y ancho de la superficie del lienzo, extendido en el suelo. Las ruedas dejaban surcos en el lienzo, creando huellas paralelas dondequiera que iba. Me conmovió y de inmediato recordé la historia de tantos artistas que, ante una limitación, habían inventado nuevas herramientas hasta convertirse en un cuerpo equipado, a veces en un cuerpo-máquina. Recordé el frágil bastón de Henri Matisse, el desesperado trabajo de Hans Hartung ante el lienzo, empujado por un asistente en su estudio de Antibes. Había visto esa disparatada película en la que el artista, ataviado con mono y máscara en mitad de una nube de pintura en polvo, con el sombrero calado hasta las orejas y una pistola de sulfatar en la mano, tras abandonar un mecanismo con cable demasiado pesado para su cuerpo amputado, libraba una batalla en la que el heroísmo y el agotamiento parecían fundirse, mostrando la pura vehemencia de una voluntad que nunca abandonaba”.
En mi caso por la dureza de una lengua que me parece muy consonántica, apenas conozco a cantantes y músicos alemanes, más allá de los clásicos y los tecnos, que tanto influyeron en los años setenta y ochenta del pasado siglo. Haciendo memoria creo que la primera canción alemana que escuché es "Sag warum", para llevarme la contraria un bailable lento y melódico que interpretaba un tal Camillo Felgen, cantante y letrista luxemburgués, allá por 1959.
"Tengo 19 años. No fumo, no bebo, no me drogo, no salgo de fiesta. No hago nada a raíz de lo que no sea dios, familia, negocios." (Ramón González - 19 años - 633.000 likes en TikTok)
“¿Cómo puedo tener buena conciencia si no tengo conciencia de nada?” (Manuscritos económicos y filosóficos – Karl Marx)
Palpable alegría en el concierto de Hakuna
La espiritualidad está de moda. El grupo musical Hakuna llena la Puerta del Sol en un macroacto navideño organizado por Díaz Ayuso; Rosalía saca un disco hablando de una lux sobrenatural, de un dios que llora diamantes; Ruiz de Azúa, excelente directora, quizás la mejor dialoguista del momento, plantea el dilema de la vocación religiosa en su última película, “Los domingos”; las redes se llenan de propaganda de una cosa llamada Effetá, del arameo “ábrete”, un movimiento que se abre proponiendo retiros, eso sí, en busca de dios; y evito hablar del “evangelismo” creciente, sobre todo en ambientes latinos, para no calentarme.
En un proceso de embrutecimiento de la geopolítica y la doméstico-política por el capitalismo en crisis, las cortapisas sobran. No interesan superestructuras ideológicas, sea en forma de moral, religión, derechos humanos, que mitiguen la brutalidad del poder, del mal. Pero esa regresión no se puede hacer de un plumazo. No es posible reclamarse portaestandarte de los valores cristianos o ilustradores de occidente y actuar como un troglodita antropófago. Es necesaria una etapa de confusión, de medias tintas, lo que, revirtiendo la formulación de Hannah Arendt, me atrevo a llamar “banalización del bien”.
La banalización del bien es una deconstrucción, el desarme de lo que los humanos creíamos haber edificado durante siglos para intentar convivir en condiciones mínimas. Cierto que en todo este tiempo ha sido más un deseo, una utopía, un objetivo, que una realidad, pero servía tanto para que una parte del mundo creyera en que se podía avanzar, como para que los poderosos nos hicieran creer de que era así, pero por lo menos, y por momentos, servía de contrapeso a la arbitrariedad que todo poder supone.
En nuestro ámbito ético-cultural, el que va desde la "Ética Nicomaquea" a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pasando por el derecho romano, el evangelio de Mateo, Montesquieu (dejo aparte el Manifiesto Comunista no vaya a ser que me acusen de rojo), se trata, creo, de un proceso de postergación de lo humano. En términos puramente cristianos, los que abordo al principio del blog, del abandono de Jesús y la revitalización del dios bíblico. El yo espiritual da la espalda al hombre y se refugia en lo inexplicable, donde se especula y decide lo que es belleza, perfección, virtud, porque aquel, el hombre, es fealdad, imperfección, pecado, y solo aporta conflicto e inseguridad.
Mientras en Gaza...
Como fenómeno introspectivo, ajeno a la confrontación, “la banalidad del bien” favorece indirectamente el abandono de toda moral social, la que protagonizaba el cristianismo de base, las oenegés, los tribunales internacionales de justicia, los utopistas de diverso signo, lo que el integrismo hispano califica ya de buenismo woke, pero lo hace mediante el uso inicial de formas "amables", bobaliconas, a veces hasta pelín gamberras, con una alegría impostada y sociabilidad ambigua, que no dice despreciar al otro ni a cuanto le rodea pero lo huye.
“La banalidad del bien” narcotiza a la sociedad, juega como nunca el papel de opio del pueblo y deja el camino libre a la injusticia y la arbitrariedad del poder. Criticar un acto tan “guay” como el protagonizado por Hakuna en festividad tan señalada, considerar que las letras del último disco de Rosalía son fruto de una mala digestión de textos religiosos y al mismo tiempo reivindicar algo tan revolucionario como son las obras de misericordia es ser un puto radical que no entiende que la bondad está en dios, nunca en los hombres, y que no podemos ni debemos oponernos a su voluntad, aunque esta sea el dolor, el hambre, la crueldad.
Cuando el supuesto "bien" es tan banal, acrítico, asocial, indiferente, el mal, es decir, la cultura del genocidio, el fascismo, el neocolonialismo, desde luego el negocio del que habla el chico de Tiktok de la cita inicial, tienen alfombra roja, porque una parte de la humanidad, sobre todo si pertenece al primer mundo, está a otra cosa.
Pese a la moda nada nuevo bajo el sol, manque nos pese. A fin de cuentas, dios, no sé si la familia, pero desde luego el negocio siempre estuvieron con ellos…
A sus 86 años Mavis Staples (Chicago 1939) ha grabado un hermoso disco de versiones. Entre ellas he elegido la que hace de "Beautiful strangers", canción que Kevin Morby (Lubbok-Texas 1988) dedicó a las víctimas de los atentados islamistas de Orlando y París en 2016, y al asesinato de un joven negro, Freddy Gray, a manos de la policía en Baltimore el año anterior. La canción viene al dedo del tema porque, Morby, autor que se define como "espiritual, no religioso", mezcla elementos de crítica a la violencia política con citas y latiguillos cristianos. He encontrado esta grabación de octubre pasado de la Staples con el propio Morby, Nathaniel Rateliff y the Night Sweats
asesinada por la policía anti inmigración de Trump
el pasado 7 de enero
Pablo, mi librero de cabecera, me recomendó este libro hace aproximadamente un año. Me dijo que conocía a la autora y que creía que me iba a sorprender.
Uso la poesía como un paliativo cuando estoy en lecturas más densas o de largo alcance. Como materia autónoma, pese a su brevedad, tiene el poema un lenguaje que incita a leerlo varias veces y así capta uno con calma su intención, sus secretos formales, sus gazapos.
Como lector bastante esporádico y nada convencional de poesía reconozco que al principio me costó adaptarme a una textura prosaica, de léxico difícil para la tonalidad, pero eso sí, que no escondía la intención de la que hablaba antes, porque hubo momentos en que me pareció un texto robótico.
Sin embargo, una lectura más reposada de “Circuito cerrado…” descubre a una autora tierna, sutil y más pluridimensional de lo que puede parecer en un primer momento.
Nacida en Madrid, pero granadina por sangre y querencia, Mayte Gómez (1993) pertenece a una generación de poetas mujeres que ella reivindica. Aunque vive y trabaja en Alemania, dedicada a la visualización y creación de datos en 3D conserva el deje granadino y un torrente verbal del que presume. Dice escribir poesía porque tiene que trabajar, y eso no le deja tiempo para el ensayo o la narración. La concibe casi como una excreción, según propias palabras, como algo que tiene una necesidad fisiológica de expulsar, lo que rocía el texto de una naturalidad que se aprecia a lo largo de las páginas.
Con una mirada de mujer crítica, a veces irónica, paradójica, va dando visiones varias de la realidad tecnológica que nos rodea, desde el reconocimiento de que le encantan los ordenadores hasta la indicación de sus peligros, hiper vigilancia, uniformidad, brecha digital… Siempre desde la conciencia de que los lugares virtuales que creamos con las nuevas tecnologías están hechos a nuestra imagen y semejanza y tienen, por tanto, todo lo bueno y lo malo que nosotr@s mism@s somos.
“Circuito cerrado de vigilancia” es el tercer libro de esta artista multdidisciplinar y multipremiada en géneros diferentes (arte, cine, narrativa…), entre estos, el Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández de 2023 por su libro “Los trabajos de Hércules”.
He elegido dos de los poemas que más me gustan para hacer boca, pero lo mejor es comprar el libro, ¡¡¡ que la poesía no muerde !!!
CARMEN
A mi abuela
Mi abuela se llama Carmen
como la protagonista de la ópera y como
muchas mujeres de aquí,
donde hace tanto calor
Veíamos la televisión por la noche
se dibujó en la pantalla
un laberinto blanco y negro
escanee el QR para más información
-¿Qué es un QR?
-Una imagen que al escanearla con la cámara del móvil
te manda una página web
Eso dije
en vez de decir:
abuela, realmente
no lo sé
No quería ser pedante quería
que sintiese que podía ayudarla
que ella no sabía, pero yo sí y podía
dibujarle el mundo
Pero todas las palabras que uso para explicarle las cosas
son diferentes a las que nacieron con ella
Su luz y mi luz no significan lo mismo
Chocolate no es igual
para mí que lo tengo que para ella que
lo anhelaba
Mientras tanto, duerme mi abuelo
fascinado a los seis años cuando
un hombre trajo a su pueblo de posguerra
un gran bloque de hielo porque
-Cuando era pequeño el hielo
no existía
Llevaré conmigo hasta que me muera
la cara de mi abuela
cuando se giró para mirarme
insatisfecha por mi explicación
Cada vez entiendo menos cosas del mundo
Aunque yo actualizo mi sistema operativo con diligencia
puede que un día me canse
que enferme y no tenga fuerzas
para aprender otra cosa nueva
es posible
Yo también seré vieja y no entenderé las cosas
dependeré de la paciencia de los demás
en esta sociedad olvidada de la muerte
(los muertos no pagan
suscripciones mensuales a cosas no
cotizan no se van de vacaciones a
los resorts todo incluido no generan datos)
Cuando sea vieja recordaré
a mi abuela y a mi madre
rodeada de robots que sabrán cuidarme
pero no quererme
como ellas hacían.
...........................
NINA WILLIAMS
En los escenarios caían
copos de nieve píxeles sobre su escote desnudo
Imaginaba que tenía frío pero estaba orgullosa
como yo en la puerta de las discotecas en invierno o
cuando comía poco
Como mujer, Nina Williams ya estaría acostumbrada
a pesar del frío para conseguir algunas cosas
En las peleas en la nieve yo hacía que diese
muchas patadas para que
se calentase
Nina envejece en cada versión del Tekken
Algunos usuarios han recopilado su biografía
dicen que le gusta el té con leche y el whisky escocés
también escriben
que tiene cuarenta y cuatro años pero
su aspecto está congelado en los veintinueve
qué suerte, Nina Williams
Yo era gorda y en el colegio una compañera me pegaba patadas
Pero en casa de mis primas podía ser Nina Williams
podía elegir ser
otra cosa dar yo
las patadas
Feroz en su traje morado
morado pintura de feria de coche
morado como las manchas en mi cuerpo
de las que ella me hubiese salvado
Hubiese aprendido con ella tal vez a defenderme
Yo no sabía jugar al Tekken
apretaba todas las teclas a la vez
esperaba que pasase algo
aunque no pudiese comprender cómo ocurría
Siguen mis movimientos limitados
por distintas máquinas
(las cosas no han cambiado tanto)
Sobre todo, intacta en mí, permanece
la profunda envidia de su pelo rubio
cuando conseguía pulsar el misterio
las teclas
de su ataque más poderoso
y ella giraba,
invicta
Como se trata principalmente de un grupo especializado en jam session y su última cosa es su primera actuación de cabeza de cartel en el Madison Square Garden, aprovecho para presentaros a mi última vocación musical: Goose. Por cierto, batiendo el récord de concierto más largo de la historia del Madison: 4 horas 7 minutos 12 segundos. Agotador…