“LA MADRE MIGRANTE”, IMAGEN E IDENTIDAD
RUTH ASAWA, JAPONESA TEMPORAL
Al acercarme a la interesante exposición retrospectiva dedicada a la obra de Ruth Asawa (Norwalk – USA 1926-2013) en el museo Guggenheim de Bilbao me he dado de bruces con una realidad a menudo olvidada, la de los inmigrantes japoneses en Estados Unidos.
La familia de Ruth, que regentaba una pequeña granja en Norwalk (California), fue perseguida durante la segunda guerra mundial por el hecho de ser de nacionalidad japonesa, es decir, por ser propia de un país en aquel momento considerado enemigo. Apresada en 1942, la familia fue “internada” inicialmente en un centro de concentración y posteriormente en otro llamado de reubicación en Arkansas. El padre sufrió peor suerte. Detenido por el FBI pasó seis años en un campo de detención de Nuevo México.
La generalización de la culpa es siempre injusta. En el caso de naciones o etnias es un fenómeno claro de racismo. En el de los grupos religiosos o ideologías es simplemente antidemocrático.
DOROTHEA LANGE, DOCUMENTALISTA POLÍTICA
He empezado por Asawa, pero mi intención es llegar a alguien de nombre injustamente desconocido, “La madre migrante”.
Antes, no obstante, habrá que situar a la persona que enlaza estas dos historias, la autora de una de las fotos más icónicas de las grandes crisis de los años veinte del pasado siglo: Dorothea Lange (Hoboken-USA 1895-1965).
Contratada por la “Farm Security Administration” (FSA), la entidad que el presidente Roosevelt había creado para contrarrestar el efecto de la gran depresión económica del 29 y las sequías y tormentas de polvo y arena de los años treinta, Lange está considerada como una de las mejores documentalistas de todos los tiempos.
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| Migrantes japoneses en USA (foto de Lange) |
El punto que enlaza a Asawa con Lange se dio años después, cuando ésta dedicó una importante colección de fotos a las 120.000 personas de origen nipón sacadas de sus hogares y encarceladas en campos de concentración del medio oeste en 1942.
Y es que la historia demuestra que los avances sociales y democráticos son tremendamente vulnerables y tienen dientes de sierra, porque las imágenes que reflejaban aquel apartheid fueron incautadas por el gobierno hasta su publicación de un libro recopilatorio nada menos que en 2006.
RETRATO DE UNA DESCONOCIDA
Aunque la obra de los fotógrafos de la FSA consiguió sus objetivos, asentando y acelerando ayudas económicas al medio millón de agricultores afectados por la pobreza y la emigración forzosa, la manipulación y belleza de muchas de sus imágenes han sido cuestionadas.
Sin duda lo más controvertido es el hecho de que su obra despreciara la identidad de sus protagonistas, entre ellas la de Florence Owens Thompson (Territorio Indio Cheroqui- USA 1903-1983), la desconocida madre migrante.
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| "La madre migrante" (la foto original) |
Hay un elemento que da veracidad documental a la foto, el hecho de que dos de las hijas se escondan en el regazo de su madre. Según la fotógrafa por timidez. Según la retratada, para protegerlas de una situación intimidatoria.
Lo cierto es que aunque el modus operandi de Lange era hablar con los y las protagonistas de sus reportajes, conocer los avatares de su situación e incluir esos datos en los pies de foto, en muchos casos, como en este, no les preguntaba su nombre y éstas seguían, consecuentemente, en el anonimato.
El analista mexicano Óscar Colorado, que tiene publicado un estudio exhaustivo sobre la foto, cree que esta actitud manifiesta un uso de la imagen ajena que llega a calificar de explotación.
El caso es que 42 años más tarde Florence Owens concedió una entrevista y declaró que “hubiera querido que ella [Lange] nunca me hubiera tomado la fotografía. Nunca saqué un centavo de ella. Ni siquiera me preguntó mi nombre. Me dijo que no la publicaría y que me mandaría una copia: no cumplió sus promesas”.
FLORENCE OWENS THOMPSON, MÁS ALLÁ DE LA FOTO
Florence había nacido en 1903 en el seno de una familia cherokee de Oklahoma. Viuda con siete hijos de tres hombres distintos con poco más de treinta años de edad, fue encontrada por la fotógrafa mientras viajaba con su última pareja, siguiendo las cosechas en las que trabajaba a un centavo por kilo.
Según la versión de una de las dos hijas que aparecen en la foto, su madre se negó a que se la retratara de la única manera que podía, no mirando a la cámara, ignorándola, algo que se evidencia en “La madre migrante”.
De modo que tanto Owens como su pareja no dieron importancia a que el retrato fuera publicado a los pocos días en un periódico local de Watsonville y siguieron camino y vida sin esperar nada a cambio.
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| La familia Owens alrededor de Florence |
Pese a la leyenda, que dice que la familia fue recompensada, y así lo creyó la propia fotógrafa hasta su muerte, la única ayuda directa no se produjo hasta que, estando Florence enferma de cáncer sin poder hacer frente a los gastos de atención, ya en 1983, la familia hizo una colecta pública apelando a la identidad de la “madre migrante”.
La respuesta fue inusitada: en pocos días lograron recaudar más de 30.000 dólares, pero pese al orgullo que supuso para la familia ese reconocimiento tardío, Florence Thompson falleció en setiembre de ese mismo año.
Con el cuajo que da ser el prototipo de presidente conservador e instigador del “sálvese quien pueda”, Ronald Reagan escribió que “el fallecimiento de la señora Thompson representa una gran pérdida: el símbolo de aquella América fuerte y determinada de la Gran Depresión”.
En fin, el itinerario apofénico que nos lleva desde la japonesa temporal hasta la madre migrante, pasando por la documentalista política, es una ruta de identidades llena de interpretaciones divergentes. La historia es un caleidoscopio que los vencedores manejan a su albedrío, y hasta sus imágenes, la faceta visual de su argumentario, son, casi siempre, espejismos dependientes de un golpe de muñeca.
Hablar de Geckos es hablar de un supergrupo, o mejor, de un "superautores", ya que se trata de un proyecto que reúne a dos raros famosos de la música estadounidense, M.Ward y Howe Gelb, y al músico irlandés McKowsky, líder de The Lost Brothers.
He elegido este bellísimo “Wedding waltz” por su toque mestizo y el objetivo de acabar con un final algo feliz.





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