El universo pictórico de Georg Baselitz (Kamenz – Alemania 1938) puede gustar o no, pero es de esas obras que por su intencionalidad y capacidad persuasiva hacen que nadie pueda permanecer indiferente a su contemplación.
Ubicado principalmente, creo que con acierto, en el expresionismo de larga tradición alemana, debo reconocer que le he conocido a raíz de su exposición en el Museo Bellas Artes de Bilbao y también que, pese a un indudable valor comunicativo que afecta e incomoda, me parece un tanto repetitivo.
Lo traigo aquí por tanto no ya por su valor pictórico, que también, sino por algo que me ha conmovido: la tenacidad para seguir creando a pesar de su edad y problemas de movilidad.
En un momento en el que la creación también peligra por razones ideológicas, la insistencia casi heroica por seguir un impulso vital tan humano y primario como lo pueden ser la envidia, la empatía, el odio o el deseo, es esperanzador.
Para reflejar esta reflexión, nada mejor que transcribir el bello texto que Bernard Blistène (Francia 1955) ha dedicado a los últimos cuadros de la exposición que cuelga en el Bellas Artes.
“En marzo de ese año de 2024, lo visité en un estudio en el lago Ammer y lo encontré en una silla de ruedas de la que su asistente tiraba con una cuerda a lo largo y ancho de la superficie del lienzo, extendido en el suelo. Las ruedas dejaban surcos en el lienzo, creando huellas paralelas dondequiera que iba. Me conmovió y de inmediato recordé la historia de tantos artistas que, ante una limitación, habían inventado nuevas herramientas hasta convertirse en un cuerpo equipado, a veces en un cuerpo-máquina. Recordé el frágil bastón de Henri Matisse, el desesperado trabajo de Hans Hartung ante el lienzo, empujado por un asistente en su estudio de Antibes. Había visto esa disparatada película en la que el artista, ataviado con mono y máscara en mitad de una nube de pintura en polvo, con el sombrero calado hasta las orejas y una pistola de sulfatar en la mano, tras abandonar un mecanismo con cable demasiado pesado para su cuerpo amputado, libraba una batalla en la que el heroísmo y el agotamiento parecían fundirse, mostrando la pura vehemencia de una voluntad que nunca abandonaba”.
En mi caso por la dureza de una lengua que me parece muy consonántica, apenas conozco a cantantes y músicos alemanes, más allá de los clásicos y los tecnos, que tanto influyeron en los años setenta y ochenta del pasado siglo. Haciendo memoria creo que la primera canción alemana que escuché es "Sag warum", para llevarme la contraria un bailable lento y melódico que interpretaba un tal Camillo Felgen, cantante y letrista luxemburgués, allá por 1959.
"Tengo 19 años. No fumo, no bebo, no me drogo, no salgo de fiesta. No hago nada a raíz de lo que no sea dios, familia, negocios." (Ramón González - 19 años - 633.000 likes en TikTok)
“¿Cómo puedo tener buena conciencia si no tengo conciencia de nada?” (Manuscritos económicos y filosóficos – Karl Marx)
Palpable alegría en el concierto de Hakuna
La espiritualidad está de moda. El grupo musical Hakuna llena la Puerta del Sol en un macroacto navideño organizado por Díaz Ayuso; Rosalía saca un disco hablando de una lux sobrenatural, de un dios que llora diamantes; Ruiz de Azúa, excelente directora, quizás la mejor dialoguista del momento, plantea el dilema de la vocación religiosa en su última película, “Los domingos”; las redes se llenan de propaganda de una cosa llamada Effetá, del arameo “ábrete”, un movimiento que se abre proponiendo retiros, eso sí, en busca de dios; y evito hablar del “evangelismo” creciente, sobre todo en ambientes latinos, para no calentarme.
En un proceso de embrutecimiento de la geopolítica y la doméstico-política por el capitalismo en crisis, las cortapisas sobran. No interesan superestructuras ideológicas, sea en forma de moral, religión, derechos humanos, que mitiguen la brutalidad del poder, del mal. Pero esa regresión no se puede hacer de un plumazo. No es posible reclamarse portaestandarte de los valores cristianos o ilustradores de occidente y actuar como un troglodita antropófago. Es necesaria una etapa de confusión, de medias tintas, lo que, revirtiendo la formulación de Hannah Arendt, me atrevo a llamar “banalización del bien”.
La banalización del bien es una deconstrucción, el desarme de lo que los humanos creíamos haber edificado durante siglos para intentar convivir en condiciones mínimas. Cierto que en todo este tiempo ha sido más un deseo, una utopía, un objetivo, que una realidad, pero servía tanto para que una parte del mundo creyera en que se podía avanzar, como para que los poderosos nos hicieran creer de que era así, pero por lo menos, y por momentos, servía de contrapeso a la arbitrariedad que todo poder supone.
En nuestro ámbito ético-cultural, el que va desde la "Ética Nicomaquea" a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pasando por el derecho romano, el evangelio de Mateo, Montesquieu (dejo aparte el Manifiesto Comunista no vaya a ser que me acusen de rojo), se trata, creo, de un proceso de postergación de lo humano. En términos puramente cristianos, los que abordo al principio del blog, del abandono de Jesús y la revitalización del dios bíblico. El yo espiritual da la espalda al hombre y se refugia en lo inexplicable, donde se especula y decide lo que es belleza, perfección, virtud, porque aquel, el hombre, es fealdad, imperfección, pecado, y solo aporta conflicto e inseguridad.
Mientras en Gaza...
Como fenómeno introspectivo, ajeno a la confrontación, “la banalidad del bien” favorece indirectamente el abandono de toda moral social, la que protagonizaba el cristianismo de base, las oenegés, los tribunales internacionales de justicia, los utopistas de diverso signo, lo que el integrismo hispano califica ya de buenismo woke, pero lo hace mediante el uso inicial de formas "amables", bobaliconas, a veces hasta pelín gamberras, con una alegría impostada y sociabilidad ambigua, que no dice despreciar al otro ni a cuanto le rodea pero lo huye.
“La banalidad del bien” narcotiza a la sociedad, juega como nunca el papel de opio del pueblo y deja el camino libre a la injusticia y la arbitrariedad del poder. Criticar un acto tan “guay” como el protagonizado por Hakuna en festividad tan señalada, considerar que las letras del último disco de Rosalía son fruto de una mala digestión de textos religiosos y al mismo tiempo reivindicar algo tan revolucionario como son las obras de misericordia es ser un puto radical que no entiende que la bondad está en dios, nunca en los hombres, y que no podemos ni debemos oponernos a su voluntad, aunque esta sea el dolor, el hambre, la crueldad.
Cuando el supuesto "bien" es tan banal, acrítico, asocial, indiferente, el mal, es decir, la cultura del genocidio, el fascismo, el neocolonialismo, desde luego el negocio del que habla el chico de Tiktok de la cita inicial, tienen alfombra roja, porque una parte de la humanidad, sobre todo si pertenece al primer mundo, está a otra cosa.
Pese a la moda nada nuevo bajo el sol, manque nos pese. A fin de cuentas, dios, no sé si la familia, pero desde luego el negocio siempre estuvieron con ellos…
A sus 86 años Mavis Staples (Chicago 1939) ha grabado un hermoso disco de versiones. Entre ellas he elegido la que hace de "Beautiful strangers", canción que Kevin Morby (Lubbok-Texas 1988) dedicó a las víctimas de los atentados islamistas de Orlando y París en 2016, y al asesinato de un joven negro, Freddy Gray, a manos de la policía en Baltimore el año anterior. La canción viene al dedo del tema porque, Morby, autor que se define como "espiritual, no religioso", mezcla elementos de crítica a la violencia política con citas y latiguillos cristianos. He encontrado esta grabación de octubre pasado de la Staples con el propio Morby, Nathaniel Rateliff y the Night Sweats
asesinada por la policía anti inmigración de Trump
el pasado 7 de enero
Pablo, mi librero de cabecera, me recomendó este libro hace aproximadamente un año. Me dijo que conocía a la autora y que creía que me iba a sorprender.
Uso la poesía como un paliativo cuando estoy en lecturas más densas o de largo alcance. Como materia autónoma, pese a su brevedad, tiene el poema un lenguaje que incita a leerlo varias veces y así capta uno con calma su intención, sus secretos formales, sus gazapos.
Como lector bastante esporádico y nada convencional de poesía reconozco que al principio me costó adaptarme a una textura prosaica, de léxico difícil para la tonalidad, pero eso sí, que no escondía la intención de la que hablaba antes, porque hubo momentos en que me pareció un texto robótico.
Sin embargo, una lectura más reposada de “Circuito cerrado…” descubre a una autora tierna, sutil y más pluridimensional de lo que puede parecer en un primer momento.
Nacida en Madrid, pero granadina por sangre y querencia, Mayte Gómez (1993) pertenece a una generación de poetas mujeres que ella reivindica. Aunque vive y trabaja en Alemania, dedicada a la visualización y creación de datos en 3D conserva el deje granadino y un torrente verbal del que presume. Dice escribir poesía porque tiene que trabajar, y eso no le deja tiempo para el ensayo o la narración. La concibe casi como una excreción, según propias palabras, como algo que tiene una necesidad fisiológica de expulsar, lo que rocía el texto de una naturalidad que se aprecia a lo largo de las páginas.
Con una mirada de mujer crítica, a veces irónica, paradójica, va dando visiones varias de la realidad tecnológica que nos rodea, desde el reconocimiento de que le encantan los ordenadores hasta la indicación de sus peligros, hiper vigilancia, uniformidad, brecha digital… Siempre desde la conciencia de que los lugares virtuales que creamos con las nuevas tecnologías están hechos a nuestra imagen y semejanza y tienen, por tanto, todo lo bueno y lo malo que nosotr@s mism@s somos.
“Circuito cerrado de vigilancia” es el tercer libro de esta artista multdidisciplinar y multipremiada en géneros diferentes (arte, cine, narrativa…), entre estos, el Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández de 2023 por su libro “Los trabajos de Hércules”.
He elegido dos de los poemas que más me gustan para hacer boca, pero lo mejor es comprar el libro, ¡¡¡ que la poesía no muerde !!!
CARMEN
A mi abuela
Mi abuela se llama Carmen
como la protagonista de la ópera y como
muchas mujeres de aquí,
donde hace tanto calor
Veíamos la televisión por la noche
se dibujó en la pantalla
un laberinto blanco y negro
escanee el QR para más información
-¿Qué es un QR?
-Una imagen que al escanearla con la cámara del móvil
te manda una página web
Eso dije
en vez de decir:
abuela, realmente
no lo sé
No quería ser pedante quería
que sintiese que podía ayudarla
que ella no sabía, pero yo sí y podía
dibujarle el mundo
Pero todas las palabras que uso para explicarle las cosas
son diferentes a las que nacieron con ella
Su luz y mi luz no significan lo mismo
Chocolate no es igual
para mí que lo tengo que para ella que
lo anhelaba
Mientras tanto, duerme mi abuelo
fascinado a los seis años cuando
un hombre trajo a su pueblo de posguerra
un gran bloque de hielo porque
-Cuando era pequeño el hielo
no existía
Llevaré conmigo hasta que me muera
la cara de mi abuela
cuando se giró para mirarme
insatisfecha por mi explicación
Cada vez entiendo menos cosas del mundo
Aunque yo actualizo mi sistema operativo con diligencia
puede que un día me canse
que enferme y no tenga fuerzas
para aprender otra cosa nueva
es posible
Yo también seré vieja y no entenderé las cosas
dependeré de la paciencia de los demás
en esta sociedad olvidada de la muerte
(los muertos no pagan
suscripciones mensuales a cosas no
cotizan no se van de vacaciones a
los resorts todo incluido no generan datos)
Cuando sea vieja recordaré
a mi abuela y a mi madre
rodeada de robots que sabrán cuidarme
pero no quererme
como ellas hacían.
...........................
NINA WILLIAMS
En los escenarios caían
copos de nieve píxeles sobre su escote desnudo
Imaginaba que tenía frío pero estaba orgullosa
como yo en la puerta de las discotecas en invierno o
cuando comía poco
Como mujer, Nina Williams ya estaría acostumbrada
a pesar del frío para conseguir algunas cosas
En las peleas en la nieve yo hacía que diese
muchas patadas para que
se calentase
Nina envejece en cada versión del Tekken
Algunos usuarios han recopilado su biografía
dicen que le gusta el té con leche y el whisky escocés
también escriben
que tiene cuarenta y cuatro años pero
su aspecto está congelado en los veintinueve
qué suerte, Nina Williams
Yo era gorda y en el colegio una compañera me pegaba patadas
Pero en casa de mis primas podía ser Nina Williams
podía elegir ser
otra cosa dar yo
las patadas
Feroz en su traje morado
morado pintura de feria de coche
morado como las manchas en mi cuerpo
de las que ella me hubiese salvado
Hubiese aprendido con ella tal vez a defenderme
Yo no sabía jugar al Tekken
apretaba todas las teclas a la vez
esperaba que pasase algo
aunque no pudiese comprender cómo ocurría
Siguen mis movimientos limitados
por distintas máquinas
(las cosas no han cambiado tanto)
Sobre todo, intacta en mí, permanece
la profunda envidia de su pelo rubio
cuando conseguía pulsar el misterio
las teclas
de su ataque más poderoso
y ella giraba,
invicta
Como se trata principalmente de un grupo especializado en jam session y su última cosa es su primera actuación de cabeza de cartel en el Madison Square Garden, aprovecho para presentaros a mi última vocación musical: Goose. Por cierto, batiendo el récord de concierto más largo de la historia del Madison: 4 horas 7 minutos 12 segundos. Agotador…