LAS LLAVES
“…Creía que no había nada peor que no tener ni un chavo, pero descubrí que quedarse sin llaves era más espantoso todavía. La cuestión es que no podía elegir. Tenía dinero para comprarme comida, pero no para pagarme un techo…”
de “Ocaso y fascinación” – Eva Baltasar
Con una meticulosidad casi obscena Eva Baltasar (Barcelona 1987) describió en “Ocàs i fascinació” el descenso a los infiernos de una trabajadora de la limpieza cuando su casera, una tipa “que podría haberse pasado el día practicando vudú, pero hacía una cosa menos interesante, estudiaba economía”, la echa porque una pareja colombiana le ofrece el doble.
Cuando nuestros antepasados, los conocidos como “hombres de las cavernas”, empezaron a refugiarse en cuevas profundas tan pronto como su desarrollo, hace cientos de miles de años, les hizo concebirlas como lugar de refugio de clima, animales y peligros varios, su mundo se replegó alrededor del hogar, del fuego, también a un concepto más privado, es decir, menos común, del territorio.
El nacimiento de la llave va unida al desarrollo del hogar como territorio privado y su transformación en manifestación de poder y propiedad que hay que proteger. Todavía queda algún pequeño pueblo en el que el acceso a la casa ajena se hace mediante una cuerda, pero paralelamente, en las ciudades, la llave, a menudo ahora una especie de ficha con chip, se complementa con todo tipo de medidas de seguridad: vallas, cámaras y otros artilugios, según el status de los poseedores.
Cientos de miles de años después, el proceso de “hogarización” se pervierte. El hogar, la vivienda, pierde su función primigenia y pasa de bien de uso a valor de mercado. Hay fondos que ofrecen en internet más del 10% de interés invirtiendo hasta un mínimo de 200 euros en bienes inmuebles. Es el timo de la estampita, porque ese joven trabajador, que invierte 500 euros en ello, es el mismo que ve como su casero le sube el doble por el alquiler anual del piso en el que vive.
En estos últimos meses muchos jóvenes parecen hartos de que les tomen el pelo, de tener que cambiar de llaves cada año, porque el casero, cada vez menos alguien que heredó el piso de sus padres o el autónomo que ahorró cotizaciones para comprar y alquilar un piso de barrio, y cada vez más uno de esos grandes fondos, le da boleto o le sube un 20%, porque es el mercado, amigo, así que se han lanzado a las plazas con las llaves que no son suyas para decir que esto no puede seguir así.
Postdata: La casualidad ha hecho que redactando este blog haya conocido una experiencia tierna, utópica, que me deja acabar con unas notas de felicidad y cierta esperanza, la de la Cooperativa Sostre Cívic (Techo Cívico), a través de la que se puede acceder a un piso por entre 5.000 y 33.000 euros y 280 y 700 euros mensuales en varias localidades catalanas. Y digo “acceder a”, no “adquirir,” porque su peculiaridad es precisamente esa, tratarse de un bien de uso, no de una propiedad. Para curiosas e interesados este es el enlace: https://sostrecivic.coop/es/
No recuerdo haber traído nunca a Otis Redding al blog, pero nunca es tarde. Esta canción también habla de hogares y puertas que hay que abrir: "Open the door".
Enlace a la canción: https://youtu.be/3VPzFgS5DLI?list=RD3VPzFgS5DLI


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