sábado, 31 de octubre de 2026

María Beneyto

UN POEMA DE MARÍA BENEYTO 

PARA LA CITA ANUAL CON LOS MUERTOS


La publicación de la obra poética completa de María Beneyto (Valencia 1920-2011), más de mil trescientas páginas de buena poesía, es una oportunidad para asomarse a la construcción de una vida a base de versificación y tonalidad variada, desde el clasicismo al surrealismo, pasando por la poesía social y el hilo biográfico en el centro.

Como aquí se trata de elegir uno de sus poemas sobre la parca, que los hay y variados, dejo para más adelante hablar con más intensidad de la Beneyto - algo que sin duda merece - y me quedo con este, pergeñado de “seres de albura extraña”. 

Bona castanyada !!!



LOS QUE VUELVEN 

Ya están aquí los muertos

todos de blanco.

No como fantasmas

que no pretenden serlo, sino como seres

de albura extraña, o como inocencias

que vienen de la nieve.

Ya están aquí. Quieren ser vivos,

¿qué le vamos a hacer? En su derecho

están, que haberse ido es cosa

más bien un poco desgraciada y torpe,

cuando hay aquí calor, y los sentidos

hacen su fiesta (Difícil resignarse, es claro).

Quieren vegetación – no, flores no, las odian -,

prados o así, bosques, pinares,

también algo de mar – el del verano -,

música, algún perfume de jazmines,

niñitas danzarinas en tutú, palomas 

nunca inmóviles, gatos

-de Angora, siameses o birmanos –

de preferencia. Perros también de raza,

pájaros diversos… ¡qué se yo! ¡Piden tanto!

Les complazco a mi modo.

Saco a Schumann a rastras del silencio,

cuelgo el mar – dos acuarelas verdes -,

elevo las macetas

a estatura de árbol y les digo

que aquí todo va bien.

Ellos me cuentan

que han sido hombres y mujeres (creen

que aún lo son, y el eco de los sueños no desea

contradecirles). Si lo intentan

no les dejo que traigan nada mío

de lo que les rozó. Pero sucede

que inevitablemente están unidos

su recuerdo y la ausencia de los míos

que amablemente sacan de un olvido dulce.

Insisten – yo hago lo que puedo –

en pedirme noticias, en llamarme

por los nombres ocultos, en saberme

los secretos que nunca tengo a mano

y no puedo mostrar…

Están. Yo le sonrío

a su hueco. Si cantamos

solo mi voz se oye, y al marcharse

deseando volver, yo sacrifico

algún trozo del tiempo que me sobra

para próximas tardes.


De carácter complejo, timidez casi patológica y una salud mental que fue quebrando con la edad, Robert Schumann (Zwitkau -Sajonia – 1810-1856), el músico citado por la Beneyto, tardó cinco años en componer su “Réquiem Re Bemol Mayor op.148”, tras su intento de suicidio en 1851. Según se dice el réquiem era la parte central de su propia misa funeral, pero no se estrenó hasta ocho años después de su muerte. Aquí el enlace. 👇👇👇👇

https://youtu.be/2HnMIhiAg5Y?list=RD2HnMIhiAg5Y


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